
El telón cayó y ningún espectador aplaudió. Petrificados, miraban atónitos aún la parte final del gran final de la escena final. La extraña e inusual obra que acababan de atestiguar, sin costo alguno por supuesto, había penetrado hasta lo más íntimo y profundo de ellos por todos los poros de su piel, por la mente, el corazón y el espíritu. De hecho, algunos no resistieron la necesidad de llorar; otros no podían ponerse en pie debido a la náusea. Pero los del fondo pedían más, esperaban más y necesitaban más, crueles y enfermos como son.
Yo, sin proponérmelo pero llevado por ti, me convertí de la noche a la mañana, -de la noche a la mañana-, en actor improvisado de ese drama que se inició festivamente y hasta con tintes poéticos, sin imaginar en dónde ni cómo habría de terminar.
Realmente no recuerdo cuándo fue que subí a escena, y no lo recuerdo por el simple hecho de que antes de conocerte no quería ni había pensado en ser actor. En cambio tu vida había girado y creo que seguirá girando en torno del espectáculo, por más deprimente que pueda llegar a ser. Al fin y al cabo, dijiste, la vida es una tragicomedia. Porqué no empezar a ensayar desde ahora?
Es triste, no más, sentirse utilizado. Y digo que no más porque de alguna manera, sin quererlo me has puesto a prueba y siento mayor fortaleza. Tu actuación, magistral como todas las demás, ha dejado perplejos a todos menos a mí, aunque reconozco que cuando removiste un poco de tu alma la máscara, un escalofrío recorrió como relámpago todo mi ser. Lo notaste y lo disfrutaste. No fue la primera vez, pero a aquella no le di importancia.
Yo, sin proponérmelo pero llevado por ti, me convertí de la noche a la mañana, -de la noche a la mañana-, en actor improvisado de ese drama que se inició festivamente y hasta con tintes poéticos, sin imaginar en dónde ni cómo habría de terminar.
Realmente no recuerdo cuándo fue que subí a escena, y no lo recuerdo por el simple hecho de que antes de conocerte no quería ni había pensado en ser actor. En cambio tu vida había girado y creo que seguirá girando en torno del espectáculo, por más deprimente que pueda llegar a ser. Al fin y al cabo, dijiste, la vida es una tragicomedia. Porqué no empezar a ensayar desde ahora?
Es triste, no más, sentirse utilizado. Y digo que no más porque de alguna manera, sin quererlo me has puesto a prueba y siento mayor fortaleza. Tu actuación, magistral como todas las demás, ha dejado perplejos a todos menos a mí, aunque reconozco que cuando removiste un poco de tu alma la máscara, un escalofrío recorrió como relámpago todo mi ser. Lo notaste y lo disfrutaste. No fue la primera vez, pero a aquella no le di importancia.
De momento me sentí sorprendido, sobre todo por tu frialdad, pero inmediatamente una sucesión de hechos entre nosotros vinieron a mí como en cámara lenta y haciendo memoria coloqué cada uno en un inmenso rompecabezas imaginario para descubrir que desde la primera palabra que me dirigiste todo, absolutamente todo, estuvo calculado milimétricamente. Así que, repuesto de esa primera impresión...seguí con atención tus palabras, tus gestos, los movimientos de tu cuerpo. Las cosas iban poco a poco por sí solas tomando su lugar, encontrando su espacio, hoyando sus huellas. Brotaba con naturalidad una elocuente explicación respecto de esta parodia que hoy toca a su fin.
Mira, mira las reacciones entre el público, entre éste público que no pagó entradas y que aún ignoro si disfrutó, si gozó, si terminó asqueado o qué?...
Ha sido, lo acepto, una escena barata. Una obrita de quinta. No por tu gracia y desenvoltura, sino por el argumento, deleznable, pero como muchos de los espectadores, yo no caí en cuenta sino hasta el final. ¡Grand finale!...Ellos, la mayoría, deseaban sin embargo un cierre truculento, escabroso, doloroso, angustioso...como los de todo ese tipo de tramas, mas no fue así.
Al salir del teatro no lo hicimos por la puerta de atrás, a pesar de la ausencia de palmas. Las luces fueron apagándose lenta y discretamente hasta dejar todo en penumbras. Hice a un lado el telón y bajamos juntos los cuatro o cinco peldaños hacia el pasillo lateral. Aparentemente nadie advirtió cuando llegamos a la puerta, donde cada quien tomaría su camino. Te dije adiós asumiendo que nada había pasado porque de hecho nada había pasado. Sólo el uso que me diste durante un tiempo y nada más. Eso...a final de cuentas, nada significa. Nisiquiera un recuerdo. El tiempo todo lo borra. Ya lo verás.
Me disponía a dar media vuelta para dejar todo atrás, cuando se me acercó un hombre cubierto con un sombrero negro. No podía ver sus facciones pero creí reconocer su voz cuando me dijo: Lo siento por ti, que sigues siendo un soñador. Un destello de luna iluminó su cara cuando le respondí directo: No lo sientas tanto. Me estoy acostumbrando...me estoy acostumbrando.
Quizá eso explique porqué no siento dolor.
Mira, mira las reacciones entre el público, entre éste público que no pagó entradas y que aún ignoro si disfrutó, si gozó, si terminó asqueado o qué?...
Ha sido, lo acepto, una escena barata. Una obrita de quinta. No por tu gracia y desenvoltura, sino por el argumento, deleznable, pero como muchos de los espectadores, yo no caí en cuenta sino hasta el final. ¡Grand finale!...Ellos, la mayoría, deseaban sin embargo un cierre truculento, escabroso, doloroso, angustioso...como los de todo ese tipo de tramas, mas no fue así.
Al salir del teatro no lo hicimos por la puerta de atrás, a pesar de la ausencia de palmas. Las luces fueron apagándose lenta y discretamente hasta dejar todo en penumbras. Hice a un lado el telón y bajamos juntos los cuatro o cinco peldaños hacia el pasillo lateral. Aparentemente nadie advirtió cuando llegamos a la puerta, donde cada quien tomaría su camino. Te dije adiós asumiendo que nada había pasado porque de hecho nada había pasado. Sólo el uso que me diste durante un tiempo y nada más. Eso...a final de cuentas, nada significa. Nisiquiera un recuerdo. El tiempo todo lo borra. Ya lo verás.
Me disponía a dar media vuelta para dejar todo atrás, cuando se me acercó un hombre cubierto con un sombrero negro. No podía ver sus facciones pero creí reconocer su voz cuando me dijo: Lo siento por ti, que sigues siendo un soñador. Un destello de luna iluminó su cara cuando le respondí directo: No lo sientas tanto. Me estoy acostumbrando...me estoy acostumbrando.
Quizá eso explique porqué no siento dolor.