miércoles, enero 31, 2007

EL ANDÉN


Este relato sólo me concierne a mí y lo termino el 31 de enero. Da cuenta de hechos reales, fortuitos, llenos de todos los sentimientos posibles que no me detendré a enumerar porque cansaría y aburriría a ese lector solitario que por azares del destino se asome a mis letras. Aunque estoy seguro de que él, si tiene alma, comprenderá y compartirá mi pesar, mis lágrimas y mis estupideces.

Hace algún tiempo, no mucho, caminaba yo por los andenes de una vieja y olvidada estación. Hacía lustros que un tren no se veía por allí. En cambio, hombres y mujeres sin esperanza habían hecho de ella un cálido hogar donde refugiar recuerdos, hambre, tristezas, amarguras y desolación. La muerte rondaba a diario por ahí, frotándose las manos y cargando esa inmensa bolsa que le sirve de puerta para llevar a tantas almas hacia Dios sabe dónde.

La mirada puesta en el infinito, los pies marcando pasos sin rumbo y la mente divagando en mil cosas, hacían de mi andar un mero deambular; un ir y venir sobre losas quebradas y contornos grises. De vez en cuando uno de esos pobres y olvidados seres alargaba su brazo hacia mí como pidiendo no un pedazo de pan, sino una caricia; un poco de abrigo y comprensión; acaso un abrazo y si mucho...un beso. Su carga no era tan sólo la falta de alimento. Era sobre todo falta de amor. Una carencia de muchísimos años y quizá de toda la vida. Sus rostros, que a más de macilentos aparecían zurcados por huellas imborrables dejadas por millones de lágrimas derramadas injustamente, quedaban grabados en mí uno a uno y me transmitían el peso abrumador de su dolor sin límite. Sin embargo, no sé porqué, sentía la necesidad de compartirlo, de hacerlo mío, de sufrir con ellos tan terrible castigo. A ninguno conocía. Jamás los había visto. Pero ahora eran ya mis hermanos, mis hijos, y yo significaba un blanco paño de lágrimas al que se acercaba perseverante y amoroso aquel cortejo de espíritus sin nombre.

A cuantos fueron viniendo abracé entre sollozos y sonrisas. Mis manos sintieron la dureza de esos rostros, la fiereza de esos bordes, la aspereza de esas pieles, la rigidez de esos cabellos y de aquellas extremidades. Más grande que el pavor que iba apoderándose con fuerza de mí, era mi necesidad de darme a todos ellos, sin entender y sin pretender entender porqué. Mas mis fuerzas menguaron con el constante succionar que hacían de mi cuerpo y de mi alma. La tristeza que empezó a dominarme ya no era la de ellos. Era la mía, infinitamente mayor y abrumadora que la de todos. Poco a poco, enmedio de estertores fatales, me fui desvaneciendo y empecé a perderme entre aquella humanidad, entre esos brazos, piernas, harapos y ojos de mirar vacío. Busqué desesperadamente aferrarme a algo, a alguien, también yo necesitado de amor.

Entonces, sin esperanza alguna, muerta ya cualquier ilusión, en el fondo de aquel túnel escuche lejano el silbato del tren que se acercaba. No podía creerlo!. Es imposible! Aquí ya no llega ningún tren! Pero apareció esa luz y luego un largo, casi interminable e iluminado ferrocarril que extrañamente sólo a mi me devolvió el aliento. Mis hermanos, mis hijos, ya no pudieron reconocerlo ni sentirlo.

Sacando fuerzas de la esperanza aún latente, dificultosamente me incorporé. Entre el humo exhalado por esa máquina percibí una silueta que se acercaba imponente. El áura a su alrededor le daba un brillo especial. Mi corazón empezó a latir con fuerza. Sentía que estallaría cuando me di cuenta de que eras tú. Llevabas el abrigo negro que tanto te gustaba y yo, impulsándome en esa sucia pared me lancé hacia ti.

Me viste. Advertiste mi alegría, la luz en mis ojos enmedio de aquella espantosa oscuridad y...entre nostalgias, diste media vuelta para subir de nuevo al carro 18 que te había traído hasta aquí. Volteaste hacia mí cuando ya lo abordabas, mientras yo, incrédulo, quedé como una esfinge atrapado en el instante mismo de tu desprecio. De nuevo nuestros ojos se encontraron, como aquella vez. Qué hermosos!...siempre los admiré embelezado. Ahora también. En ese instante un relámpago de amor me hizo temblar y caí de rodillas, herido mortalmente por tu crueldad y escuchando el tren al partir. Vinieron otra vez mis hermanos, mis hijos, dándome cobijo entre sus macilentos brazos, sin fuerza. Llegó la noche...la noche eterna.

sábado, enero 27, 2007

PROHIBIDO


Te prohibiste conocerme...pero, como la bruma, entré a tu alma.
Te prohibiste amarme...pero yo te amé.
Te prohibiste perdonarme...pero yo te sigo deseando.
Te prohibiste regalarme un beso...pero yo te di mi vida.
Te prohibiste dejarme hacerte feliz...pero yo renuncié a mi felicidad por ti.
Te prohibiste creer en mi...pero en el primer instante yo te entregué mi fe.
Te prohibiste reír junto a mi...pero yo formé un caudal de sonrisas.
Te prohibiste compartirme tus sueños...pero yo he soñado contigo.
Te prohibiste darme un minuto...pero yo al nacer empecé a aguardar por ti.
Te prohibiste recordarme...pero yo vivo en ti.
Te prohibiste escucharme...pero tus palabras aún vibran en mi corazón.
Te prohibiste mirar por mi ventana...pero es por ella que yo llegué a ti.
Te prohibiste dejar la oscuridad...pero yo renuncie a la luz para acercarme a ti.
Te prohibiste expresarme tu amor...pero yo te extiendo sin condiciones el mío.
Te prohibiste lo prohibido...pero yo te digo que es hermoso.
Te prohibiste mirarme...pero mis ojos retuvieron la intensidad de los tuyos.
Te prohibiste regresar...pero olvidaste devolverme mi espíritu.
Te prohibiste morir por mi...pero yo, viviré pronto en la eternidad por ti.




miércoles, enero 24, 2007

DESPEDIDA


Como lo intuí, jamás volvió. Alguien me dijo que no abrigara esperanzas, que los ángeles por eso son ángeles, porque no vuelven, porque están allá muy lejos según eso pendientes de ti, pero en realidad se dedican a jugar. No olvides, me recordaron, que son niños y sólo piensan en sí mismos.

Yo no quería aceptarlo. Guardaba aún, no sé porqué, una remota esperanza. Acaso porque la había mantenido siempre o tal vez porque cuando se presentó me pareció tan sincero, tan noble, tan cercano a mi...que hasta llegué a creer que era el mío. Sí era un niño, pero eso no me sorprendió porque sé que los ángeles son niños y los niños son ángeles, aunque también me han dicho que hay algunos que se conservan así todo el tiempo hasta llegar a viejos. O será porque necesito tanto de un ángel que no quiero resignarme...no.

Luego, de tanto meditar, de tanto soñar, de tanto anhelar...me cansé. Vagué sin rumbo y sin destino por un minuto o unos días dejando que fuera mi inconsciente quien me llevara a donde quisiera. Nunca lo había hecho. Sentí una rara serenidad al percatarme de que no sabía a dónde ibamos mi mente, mi espíritu, mi alma y yo. Por eso, felizmente perdí la noción del tiempo, del espacio y casi de todo. Pero lo que sí recuerdo son los muros y los pisos que me dieron abrigo, los parroquianos que compadecidamente me escucharon; la luna, que siempre ha sido mi cómplice, y el lucero aquel, otrora cruel, ahora amigo y faro benévolo.

Mi dolor menguó con aquel trajinar, seguro de que con el tiempo quedará atrás. Ignoro cómo llegué a mi refugio, el cual pude reconocer sólo cuando me acerqué a la ventana, atalaya amada desde la que he contemplado tempestades y desiertos, virtudes y ocios, días y noches, amores y desamores. Sólo así supe que había vuelto y desde aquí digo adiós a quien, jugando, vino a mi, oculto ya en un batir de alas tras de la Estrella Polar.


sábado, enero 20, 2007

LA SOMBRA


Llegué a aquel espacio sin saber ni cuándo ni cómo. Todos se habían ido dejando un hueco inmenso y yo, anhelante de amor, encontré sólo una sombra, una sombra de tiempos, de ritmos, de sonidos, de besos, de...nostalgia.

En la infinita huella que dejara una pasíon única, no cabía nada, ni nadie. El corazón doliente sólo buscaba la caricia reconfortante del minuto que se fue. Quizá la palabra, el aroma, el sutil roce de otro sentimiento intenso. El corazón, ah...el corazón. Cuántas veces le dije, le supliqué que no volviera a enamorarse...pero terco y noble, no quiso aguardar, no quiso escuchar y, de nuevo, emprendió la aventura de entregarse, de fugarse hasta las estrellas en pos del ideal...

Es incomparable el amor y aún superior el arte de amar. No tiene explicación ni la busca. Sólo es. Así, como ayer y como mañana, él se entregará...sin condiciones, sin ataduras, sin resabios. Él se entregará, aunque sea tan breve y tan efímera la sombra que dejaste aquí...en esa sábana, en esa cama, en esa almohada.

Y hoy, al mirar a través de mi alma y de mi ventana el porvenir y al mismo tiempo el universo...me pregunto...¿estás ahí, sombra errante?...¿puedo confiar en que me harás el amor como aquella noche entre las arenas de la playa, sintiendo en cada poro de mi piel la suave presencia de tu inexistencia?...

SOBRE LA PLAYA


Acuéstate en la playa y recoge en la mano
para dejar que escurra después, grano por grano,
la hermosa arena rubia que el sol hace de oro;
cierra luego los ojos, mas antes ve el sonoro
mar que la orilla besa, y el cielo transparente,
y cuando, poco a poco, sientas que dulcemente
no queda peso alguno en tu mano ligera,
abre otra vez los párpados; pero antes considera
que nuestra propia vida toma y devuelve activa
a las eternas playas su arena fugitiva.

jueves, enero 11, 2007

EL ÁNGEL


Vino un día y me tomó por sorpresa. Era un ángel. No sabía cómo eran los ángeles hasta que él llegó, pero no creo que se parezca a otros o a alguno. Me tomó por sorpresa. Todos los días de mi vida soñé y aguardé a que llegara y puesto que mi esperanza se había extraviado, casi cerraba ya la ventana. Lo miré y minuciosamente revisé su cuerpo. No tenía alas ni era rubicundo. Tampoco regordete ni rubio. Sus ojos, profundamente negros, tanto o más que mi oscuridad, me situaron por un instante entre el desconsuelo y la desilusión. Siempre leí y me dijeron que los ángeles eran blancos y de mirar azul. No. No era el prototipo y sin embargo mi conciencia pero sobre todo mi alma me decía que sí era un ángel.

Él buscaba traviesamente que su mirada y la mía se encontraran. Yo no podía desprenderme de su imagen. Jugaba conmigo. Me conocía a la perfección, desde siempre. No sé por qué ignoró mis llamados y menos por qué de pronto había decidido venir. Al verme a los ojos, descubrí un lago límpido y sereno, lleno de paz y de dulzura. Sus palabras, su voz, obraron el inmenso placer de remontarme a no sé cuál centuria, a la más hermosa de todas cuantas he trastocado.

El ángel, que no dijo si era el mío, de un momento a otro, sin sentirlo, hizo de mi espíritu algo suyo. Se apoderó de él con suavidad, enmedio de una bruma increiblemente fresca, extrañamente familiar y de una sensualidad exquisita. Por un momento quise interrogar, saber, inquirir, pero temí quebrantar aquel momento incomparable. Entonces guardé silencio y dejé que el misterio nos rodeara para ir descubriendo cada segundo el otro placer, el de ignorar; el de que sin protestar, los sentidos hicieran lo suyo. En definitiva, no era como los demás ángeles.

Intempestivamente...se esfumó. No me di cuenta cuándo se fué...o si yo me fui y... apareció un sentimiento de inmensa soledad y abandono, aún más intenso y doloroso que el de antes.

La aurora estaba por despuntar y supliqué que se dilatara un poco para intentar ansioso la inútil búsqueda. Los últimos instantes de la noche se diluyeron presurosos. Desde entonces, al llegar la oscuridad miro el horizonte y me confunde el brillo de la Estrella Polar. Cruelmente me hace creer que con ella vendrá de nuevo para no irse jamás. Pero es un engaño. No volverá. Lo sé bien. Por eso cada noche, entre sollozos, dedico una lágrima negra, muy amarga, al ángel nocturno que cayó, que llegó sin querer.

viernes, diciembre 22, 2006

PARA LA NAVIDAD DEL 2006

Heme aquí, una vez más, mirando sin mirar, sintiendo sin sentir, esperando sin esperar, la víspera de la Navidad. No recuerdo dónde ni cuándo empecé a perder la esperanza, la alegría y la fe. Tampoco dónde ni con quién estuve el año pasado, ni el antepasado, ni...

Los días y las noches transcurren y han transcurrido en silencio, sin sombras, sin apuro. Los pasos de las hormigas retumban en mis oídos y el arrastrarse infinito de los gusanos; el aletear de la libélula y allá a lo lejos, muy lejos, el vuelo del pelícano. El golpe del último copo de nieve me hace estremecer.

Aguardo sin nostalgia y sin ansia el 24 de diciembre, que seguramente será otro más. Sólo surge una imperceptible emoción cuando pienso que en esa fecha, por única vez quizá, el hombre dejará unos instantes de ser el feroz enemigo de sí mismo y de la naturaleza que lo rodea, para soñar en que hace siglos fue y tal vez en que pueda volver a ser...hermano.

Estilizo en mi imaginación esa imagen: El mundo rodeado por millones de seres humanos que se funden en un abrazo, así sea por un par de segundos. Los soldados norteamericanos confundidos sin sangre y entre risas con el pueblo iraquí. Los coreanos, un solo pueblo otra vez. Las religiones sin fanatismos caminando hacia un mismo Dios. La pobreza y el hambre sustituidas por bienestar y satisfacción. La enfermedad y la ignorancia por salud y educación. El odio por amor. Los golpes y las ofensas por caricias y poesía. El mal por el bien. La destrucción por la preservación...será tan difícil?...acaso es esperar demasiado?...

Por la llegada aquí de tantos y tantos nuevos seres cada día, vuelvo a soñar, como cada año, en un mundo que no he conocido. Anhelo, como cada año, despertar en él, pero la esperanza, la alegría y la fe se me van como agua entre los dedos.

Sí. Estilizo una imagen y mantengo una emoción...A ti, hermano, donde quiera que estés, extendiéndote mi mano te digo: ¡Quisiera compartirla contigo!...


martes, diciembre 12, 2006

SOMBRA NÁUFRAGA

Mi corazón es una sombra nueva
entre sombras sin voz, sombra perdida
en pérfida corriente sin salida
que no se sabe nunca a dónde lleva.

Viajera sin timón, la sed abreva
en leteos de mal, por ver si olvida
la angustia de sus horas y la herida
que al golpe de los días se renueva.

Sombra sin fin, sin voz y sin amparo
qne en vano busca en la tormenta el faro
que ponga punto a su vagancia loca,

y que en viaje de horror, perdido el rumbo,
surca trágico mar, de tumbo en tumbo,
para estrellarse en ignorada roca.

domingo, diciembre 03, 2006

ENCUENTRO II


Para Yorick...

Eran las 12 menos cuarto al momento en que aquel desvencijado y ridículo autobus arribó a mi paraíso. Yo, que con escasa ropa miraba desde la playa el descenso de sus ocupantes, no logré ubicarte enseguida dentro de la multitud, así que cuando el operador cerró la puerta me acerqué y le pregunté si eran todos los pasajeros. Contestó con enfado que sí. Le pedí que de nuevo abriera y revisara bien. A regañadientes accedió, más que nada porque entendió que no lo dejaría en paz sin saber de ti. Ambos abordamos el cacharro y allá, casi al final, dormías como si estuvieras en el lecho más suave y confortable. Ese sombrero que llevabas no me dejaba verte bien, pero tus cejas y boca eran incofundibles. Le dije que no te despertara. Al menos no inmediatamente. Me sentí mal de interrumpir tu sueño, pero el chofer golpeó con un manojo de llaves el borde del asiento y saltaste de inmediato. Nos miraste con sorpresa y maldiciéndonos, como es tu estilo. No pude contener la carcajada y tu molestia se convirtió en disgusto. Él te indicó que bajaras y con desprecio te dispusiste a descender. "Sí weyes...me voy. Y como allá abajo me están esperando, ustedes vayan y ..... mucho a su madre". Eso dijiste cuando ya corrías hacia el mar y abriendo los ojos con desmesura para descubrirme.

Yo te seguí y debo confesarte que estaba disfrutando como un imberbe el momento, dejando que la incógnita se mantuviera por unos minutos más. Observaba con total curiosidad tu indumentaria, parecida a la que hace años vi en Montego entre rastafaris, amigos míos con quienes conviví un tiempo entre guitarras y bohemia. Te asocié con ellos y te encontré más interesante. Quería que descubrieras sin ayuda que yo era yo.

Sólo un pequeño malecón de arena fina bordea la caleta que forma el contorno de aquella hermosísima bahía. Lo recorriste con parsimonia y acalorado por ese ropaje, hasta llegar al palmar de Gabriel, quien se encontraba sirviendo algunos ostiones y calamares que por la mañana había sustraído al océano. Te dirigiste a una mesa y cuando pedías una bebida, él gritó: Errante...qué te tomas hermano?...lo de siempre?..., dijo, cuando ya servía mi tequila mantarraya.

Al escuchar mi nombre diste vuelta y finalmente me miraste con una sonrisa, para enseguida avalanzarte hacia mí, abrazarme y plantarme un beso, tan intenso como puede serlo el primero. "Si hubiera sabido que eras tú, mi mentada habría sido menos rasposa"...aclaraste. "Si hubieras sabido que era yo, jamás me habrías vuelto a ver"...dejé caer con sinceridad. Entonces, ambos sentimos que éste era un reencuentro que tuvo una pausa de toda la vida. Nos sentamos y esperamos el atardecer, para luego perdernos en el mar, en la arena y en la oscuridad...





sábado, diciembre 02, 2006

PARA CUANDO AMANEZCA

La seda de tu cuerpo me envolvió hasta la madrugada, embriagándome por completo de ti. Llegué tarde y me esperabas. No pude evitar la demora ensimismado como estaba en aquellas otras noches de soliloquios y fantasmas. También me dominaba el miedo. Ese miedo perturbador y enajenante ,inmotivado, que me agobia desde que te besé por primera vez. Pero hoy no quiero remembranzas tristes. Aquí estoy abrazándote, sintiéndote, apoderándome de ti de tal manera que no anhelo nada ni a nadie más.

Y para cuando amanezca prometo volver a amarte con toda la fuerza y entrega de que soy capaz. Tus manos, tus ojos, tus labios harán brotar el deseo inmenso que llevo a flor de piel, para derramarlo en un instante tuyo y mío sin importar que el sol nos bañe de nuevo ni tampoco que alguien llame a la puerta o al corazón y nisiquiera si el océano me busca.

Para cuando amanezca, quiero tocar otra vez tu alma y hacerla vibrar infinitamente con una nota imperceptible a los demás. Una nota que viene de un extraño espacio sólo reservado a quienes pueden encontrar en las nubes, en el mar y en el joyel nocturno la respuesta a sus sueños y a sus interrogantes. Una nota que puede ser escuchada y sentida por diez...acaso quince navegantes del amor. Una nota que aún no ha sido expresada...y permanece.

Para cuando amanezca, no habrá sollozos ni desencuentros. Sólo una rosa blanca a tu lado como imagen perenne de mi amor.

domingo, noviembre 26, 2006

RETORNO

He dejado para el último estas líneas, convencido de que ya no vendrás. Tanto tiempo de esperar, de soñar, de anhelar ilusionado tu llegada, ha acabado con mi fe, que era inmensa. Me dispongo ahora a cerrar la ventana, pero antes quiero trazar en el cristal un dibujo que no refleje mi tristeza. Se referirá a aquel encuentro maravilloso en el jardin de Providencia. Nunca lo olvidaré. Me llevó a otra parte, a otro cielo y a otro mundo, hasta construír en él la felicidad, hoy hecha añicos, como barata réplica de bacarat.

Vuelvo a la penumbra que me llama alborozada. Junto a ella están mi soledad y mis recuerdos. También los fantasmas de los que una noche te hablé, mis amigos, mis compañeros. Ese es mi verdadero mundo. En él nadie me perturba. Hay paz, silencio,
oscuridad. Mis ojos se habían acostumbrado a la luz, pero no les será difícil apagarse.

Allá está mi viejo sillón. Ja, ja, ja. Había olvidado la felicidad que provoca el no abrir la boca, ni la pantalla, ni la ventana. No recordaba el grandioso placer de ensimismarse. La profunda tranquilidad que otorga el hablar para mi mismo. La absoluta seguridad de no estar con nadie...

Ah, pero me harán compañía, claro, los luceros, las olas, las luciérnagas. El ejército de hormigas y de comejenes que en rigor nunca me abandonaron. Igual aquellos albatros y pelícanos, gaviotas y golondrinas, hermanas y hermanos míos a quienes yo adoro. Las nubes, las tormentas, los amaneceres y las puestas de sol. Los tigrillos, las mofetas, mis sueños, mis quimeras, mis tonterías, las rosas, los cipreses que no sé cuándo planté en recuerdo de aquellos otros amores.

Están ahí, fieles y leales refugios, mis libros, mis notas, mi lápiz y ese cuaderno en blanco que por tantos años ha esperado. Tampoco me han abandonado ni lo harán, las imágenes que tú me regalaste ni esas otras que yo te di. Las sensaciones, las caricias, los besos y, por lo que ve a Chiloé, iré en cualquier momento porque así lo quiero.

Después, mi barca. Mi amada barca. Desde esta atalaya, ventana mía, la miro. Está aguardando nuestra partida y sabe que nos vamos. Antes de que me esfuerce, estará desprendiéndose de la playa y pondremos proa nuevamente hacia el destino para retornar a él.

Ha sido hermoso. No me arrepiento. Bajel no te detengas. Errante, sigue tu camino!

viernes, noviembre 24, 2006

SOLEDAD

Robé los últimos segundos a aquel día que moría entre destellos carmesí, para dibujar tu silueta en la ventana mirando el horizonte a trasluz. El frío congeló el cristal y mi mente tu imagen. Al fondo, la nevada arboleda se perdía sin rumbo entre las primeras sombras de la noche, cuando el viento hurgaba con más fuerza en mi puerta buscando dónde penetrar con crueldad mi mundo y mi espacio, mientras en silencio los copos se acumulaban sin cesar. Quise traer a mi memoria los minutos idos y sólo aparecieron unos cuantos...los demás, dónde están?

De nuevo mis ojos alcanzaron en la lejanía aquellos fantasmas que noche a noche me visitan, me acompañan, alejando así un poco la infinita soledad en la que mi alma y mi vida se debaten. No sé quiénes son. Tampoco qué buscan. Pero agradecido y nostálgico abro de par en par mi recinto y en un acto ceremonioso que lleva no sé cuántos años, los invito sin miedo a pasar. "Compañeros y amigos míos--les digo--sean bienvenidos. Yo les recibo con amor y les pido que nunca más se vayan. No me dejen solo. No sé ya cuál es ni dónde quedó mi "Quimera". Nisiquiera sé si ustedes son y han sido mi quimera. Es todo tan confuso y sin embargo convencido estoy de que ésta es su casa. Como antaño, vengan a compartir conmigo sus lágrimas y las mías, porque los suyos se han ido y yo nunca he tenido a nadie. Porque a ustedes los asesinaron y a mi no me han dejado vivir. Porque sus riquezas se esfumaron y yo nunca he tenido nada. Porque el amor se fue de su lado y a mi nadie me ha amado. ¡Vengan!...¡Brindemos por la soledad!...".

viernes, noviembre 17, 2006

EMOCIONES

Asomado a tus sentimientos a través de la policromía de tu alma, será ésta la primera vez que vea tus ojos. Me he enamorado de ti por la sensibilidad de tu espíritu, por la claridad y transparencia de tus sentimientos y por esa actitud con la que contemplas la vida, pero hoy miraré tu mirar y eso hace nacer en mí sensaciones y emociones que no sabía siquiera si existían.

Los ojos son la ventana del alma, he oído decir, y aunque tú y yo ya somos uno, ignoro si todo cambiará a partir de hoy. Mas, me acerco ilusionado al encuentro y aguardo con determinación tu veredicto, sin más palabras que las que te he dicho ya y con la plena convicción del que ama. Vengo a ti con la confianza y la sinceridad con las que el creyente se dirige a Dios, o como aquel niño que con alborozo desea convertir en realidad sus sueños. Ese es mi equipaje. No tengo más.

Pero si eso no bastara, puedo decirte que me arrepiento por los errores cometidos, por las expresiones que no supe transmitir, por tantas frases inciertas y por las quimeras de las que te hablé. El deseo, la pasión y el gozo me llevaron a desbordar mis propios límites. El amor me ha planteado espejismos que yo, ilusionado, he reproducido por eso sin pensar. ¡No quiero pensar, no quiero reflexionar, no quiero analizar! Si lo hiciera, no estaría hoy aquí, aguardando tu llegada. Por primera vez quiero sólo seguir a mi corazón.

He dejado mi barca en aquella orilla ya por más tiempo del prudente. En el horizonte vislumbro la tormenta. Mi instinto y mi conciencia me urgen a partir, pero mis sentidos se aferran a la playa y no aceptan desprenderse de ti. El viajero eternamente errante se ha detenido aquí, de nuevo aquí, sin proponérselo, sin esperar nada.

Acaso mi sino ya no es el de siempre?...Acaso he extraviado el rumbo?...

jueves, noviembre 09, 2006

DOLOR

Usé menos tiempo del habitual a pesar del congestionamiento que a esa hora cubría la autovía. No me percaté de ello sino hasta que dejé de escuchar la voz de Lennox susurrándome "Love Song for a Vampire". La jornada había sido agobiante y deseaba ya llegar a casa, pero esa hermosísima canción me había relajado lo suficiente como para dejar que el automovil rodara despacio sobre el pavimento hasta el bosque.

Al bajar del coche, lo primero que los sentidos perciben es la suave caricia de la brisa, de la fina lluvia que no cesa nunca. Caminé casi sin pisar el suelo hasta la cerca junto al borde del cañón. Decidí permanecer allí para empaparme y dejar que la humedad penetrara mi piel mientras desplegaba mi vista por todo ese salvaje y misterioso lugar, de sobra conocido por mí, hasta clavar la mirada en la gran roca que veinte metros abajo había sido erosionada pacientemente desde tiempo inmemorial por millones de gotas, para formar la cavidad en la que de niño me gustaba hundirme. Mi espíritu voló entre los primeros luceros y luciérnagas, llegando a posarse tras la cortina arcoiris de Epsys. Ahí se mantuvo y me mantuvo, extasiado.

De pronto un ruido extraño, ajeno a todo aquello, me hizo volverme instintivamente antes de ser alcanzado por un tremendo golpe que me hizo perder el conocimiento. No sé cuánto tiempo permanecí así. Al intentar incorporarme, dolores en todo el cuerpo no me lo permitieron. La sangre y el agua se confundían profusamente y mi ropa hecha jirones mostraba que ya inconsciente me habían apaleado despiadadamente.

Me arrastré entre el barro hasta la casa, que había sido saqueada y destrozada. Daba la impresión de que buscaban algo. Muerto el teléfono, instintivamente recordé que el celular estaba en el coche y cuando me disponía a pedir auxilio entró una llamada: "Este fue sólo un aviso. Te adentras en terrenos que no debes. Para la próxima no lo contarás...". Con indignación y miedo comprobé que me vigilaban desde hacía tiempo.

Al intentar con la policía entró una segunda llamada: "Eres tú amor?...". Al escuchar tu voz me invadió por un instante un profundo sentimiento de alivio y de tranquilidad. "Te gustó el regalo que te hice?...hubiera querido que no te hicieran daño, pero eso es para que recuerdes que te quiero y que sólo eres para mí. Nunca lo olvides. Te amo...".

Un temblor incontrolabe se apoderó de mí y empecé a llorar como un niño...

lunes, noviembre 06, 2006

EN EL PIAMONTE

De nuevo nos encontrábamos en aquella colina, pletórica de álamos, de sueños y de besos. Atendiste mi súplica y mi lloro, por tí. El viento de otoño acariciaba suavemente mi rostro y enmarañaba tu pelo, haciéndote ver aún más jóven.
Al abrazarte, mi cuerpo tembló con intensidad otra vez, como aquella en que distraje tus horas frente al espejo de la vida en el que ambos nos reflejamos y, sin palabras, supimos que aquello era único. No quise terminar ese abrazo. Lo dilaté hasta sentir tu corazón latir en rítmico acompasamiento con el mío, imaginando dos barcas que en un mar infinito se han unido y las mueve al mismo tiempo serena y apaciblemente el oleaje sin nombre.

Es el Piamonte, pero el nuestro, no el de todo el mundo. Acaso no te ha invadido aún ese perfume que entonces y ahora enmarca este lugar?...No te diste cuenta, amor, de la húmeda fronda que nos rodeaba, que nos envolvía impregnándolo todo de acariciantes y enloquecedoras sensaciones ?...Y sin embargo, nada de eso se compara con el deseo que has vuelto a despertar en mí desde el instante mismo en que nuestras miradas se descubrieron. No puedo, por más que quiero, describir esta sensación que inflama y sosiega, estremece y apacigua, llenándome de miedo y de incertidumbre, pero igual de ansiosa necesidad de poseerte.

Prolongué el abrazo y fue tan hondo mi apuro y tan agudo el deseo, que busqué con desesperación el beso que precede a la entrega que quiero hacerte de mi vida entera como prueba definitiva de mi amor. Prolongué el abrazo, te di ese beso y de pronto mi pasión se desvaneció al sentir la frialdad marmórea de una esfinge, al advertir el enorme vacío que hay en un cuerpo sin alma; al descubrir estremecido que me habías soltado.

Allá tras mi Piamonte, lejanas, vagas y mortesinas se adivinaban las luces de aquella metrópoli. Aparecían fragmentadas a través de las lágrimas que inundaban mis ojos. Me aparté de ti serena y delicadamente. Besé con ternura tus párpados en un gesto de despedida y me acerqué sin prisa al borde de ese jardín, de nuestro jardín. Qué grandioso era todo, mi amor, lo que habías despertado en mí. Sin ti, bien lo sabías, nada tendría sentido.
Alcancé el borde y me volví para mirarte por última vez, acaso con la ilusión de verme sorprendido por un destello en tus pupílas. ¡Nada! Sólo la luna se reflejaba nítida y brillante en la escultura de tu cuerpo que aparecía imperturbable ante mi decisión.

¡Qué extraño placer y qué tremenda placidez proporciona la certeza de que todo ha terminado!








domingo, noviembre 05, 2006

LA VENTANA

Ventana mía, ventana
abierta al occidente de par en par,
ventana que al subir la marea
queda a ras del mar...

Tu reja en cruz deja pasar mis sueños
a la hora del milagro lunar
y los miro bañarse desnudos
en la insondable claridad...

Ventana desde donde contemplo
noche a noche un barco que se va,
nave sin rumbo, sin destino,
sin bandera y sin capitán...

Ventana mía, ventana
abierta al mundo de par en par,
la barra en cruz deja pasar mi mano
que al viento fía su señal...

martes, octubre 31, 2006

SIEMPRE ALGUIEN SE VA

Nos sorprendió la penumbra sin darnos cuenta. Estábamos tan ensimismados en nuestro mundo, primero de besos y de caricias y luego de recriminaciones y malentendidos, que no alcanzamos a percibir la negrura que nos rodeaba.
No sé cómo ni porqué llegamos a eso. Aún no entiendo porqué te fuiste ni puedo aceptarlo. Estoy tan arreprentido de muchas cosas que hice y dije. He pedido perdón en las formas que yo conozco y aún en las que no conocía. Con el corazón en una mano y la linterna en la otra he buscado el camino que me lleve a ti. He pensado mil veces qué terrible ofensa te causé o cuán grande fue mi error como para que así te hayas ido, o es acaso que en realidad nunca me amaste y bastó lo que haya sido para que cerraras la ventana?...Es que las palabras y anhelos que te regalé fueron nada?... Es que mi tiempo y mi vida, ofrecidos a ti con sinceridad, significan tan poco como para perderse en un arrebato?

Es así el amor?

Si así es, pero tengo tu amor y la promesa de un encuentro, no importa el dolor ni el desvelo. No importa nada.

Eso dije a la penumbra, imaginando que aún estarías ahí, soñando que aún me tendrías entre tus brazos, todavía en mis labios el sabor de aquel sirah que una noche mezclamos con sonetos y rimas. Pero no ha habido respuesta...en aquel rincón ya no hay luz. Quedará para algún día mi bella Chiloé!

El rumor de las olas me ha despertado. Mi ventana, la mía, está abierta de par en par. Mira al mar, como siempre, como me gusta. Están llamándote mi espíritu, mi cuerpo y mi esperanza. La he dejado abierta...por si decides venir, pero, no tardes, porque quizá mañana, ella, mi amiga, la que anuncia su arribo desde hace ya algún tiempo, vendrá al fin por lo que queda de mi.

Y si decidieras no venir, te doy las gracias con todo mi amor y desde lo más profundo de mi ser por los bellos momentos que a tu lado viví, intensos, únicos e irrepetibles. Fueron breves, como un instante de luz enmedio de una larga y sombría jornada. Han sido como esa isla maravillosa en la que prometimos estar; como un diminuto e incomparable oasis en este maremagnum caótico que es el vivir.

Un beso y...adiós.



sábado, octubre 28, 2006

RETORNO

Pieza negra y cerrada...
Un leve roce...,un blando ruido...

Estoy solo,
estoy solo conmigo mismo...

De todo me doy cuenta
y siento escalofríos...

Es el alma que vuelve de su viaje nocturno
al cuerpo que estaba dormido...

lunes, octubre 23, 2006

LÁGRIMA

¡El corazón, el corazón que estalla
en lloro, como el niño cuando ignora
lo que es llorar, y sin embargo llora!...
¡El pobre corazón que llora y calla!...

Lágrima inmotivada que se vierte
en el minuto lánguido del día,
como si goteara de la fría
y pausada clepsidra de la muerte.

Lágrima sin rumor, cuyo profundo
sentido nadie a comprender alcanza,
y que en silencio sideral nos lanza
en el misterio trágico del mundo.

Lágrima mía, mía de tal modo,
que si su enigma penetrar pudiera
en secreto pavor, no lo dijera
¡ni a ti tal vez, a quien lo dije todo!...

sábado, octubre 21, 2006

EL VIAJE DE LA MUERTE

Mientras duerme la nave y mi angustia vigila
fascinada en la noche resonante y secreta,
de otro barco que cruza, la medrosa silueta
sobre el gris horizonte se destaca y perfila.

Ha pasado...lo he visto...Sorprendió la tranquila
majestad de su marcha mi inquietud de poeta,
y tembló ante mis ojos la vislumbre indiscreta
de una luz en el mástil, como insomne pupila.

Al huir de mi vista, como bólido errante
cuya cáuda fosfórea resplandece un instante
sobre el tono acerado de la líquida alfombra,

mi pavor visionario presintió dos destinos,
que en su viaje a la muerte por ignotos caminos
se atisbaron un punto en mitad de la sombra.

Acerca de mí

Nací un martes 13 exactamente a las 00.13 y alguien dijo que por eso estaba emparentado con un ángel desalojado del Paraíso. Tal vez...