martes, marzo 27, 2007

CELOS


Nunca había sentido nada igual. Mi alma por primera vez se ennegreció y el corazón se hundió, perdido en el más oscuro rincón. Mi cabeza y el mundo giraron con frenesí. El muro, blanco, sin mancha, se cubrió de sangre y lágrimas incomprensibles brotaron sin cesar día y noche...día y noche. No reconocí mi rostro al confrontar en el espejo tanto dolor, cuando al fin pude recobrar aliento y vida.

Tu recuerdo, tu imagen, tu cuerpo vinieron al instante y nuevamente sentí el relámpago que fulminante golpeó hasta enloquecerme. Porqué si yo te amo me invade este sentimiento cruel que despedaza, que martiriza, que aniquila. Porqué...si yo te amo?

Asomé a mi ventana...el sol no está, el mar se ha retirado,...y en el horizonte se adivina un iracundo huracán plagado de estruendo, de centellas y sobre ellas montada, sonriente y festiva...la muerte me abre sus brazos!

viernes, marzo 09, 2007

LLANQUIHUE

Junto a la baranda del "Errante" dejé volar a mi imaginación para forjar un pensamiento, mientras la mirada recorría con avidez el Llanquihue de mis recuerdos. Sus orillas y follajes no habían cambiado, esmeralda viva que allá, muy lejos, se une al plúmbago celaje. Sin prisa, el barco se desliza suavemente sobre la transparencia sin par, que permite admirar el fondo y la roca, dando impulso y razón al apunte que bordo con emoción:

"Un diáfano silencio...
bajo el manto
de un cielo en paz y sobre el agua quieta,
el sueño azul cristalizó en un canto
que se adurmió en el alma del poeta.

El volcán a lo lejos parecía
un seno de mujer vertiendo albura
que heló la noche y deshelaba el día...
Y cada arroyo blanco suspendía
su curso entre la cumbre y la llanura.

Agua azul, cima blanca, verde fronda,
aire de tan divina transparencia,
que la misma existencia
se advertía más diáfana y más honda...

Reclinado en la borda, tan cercano
miré el cristal, que al corazón le vino
un voluptuoso impulso repentino...
Y sobre el agua deslicé mi mano
como sobre un encanto femenino.

Diafanidad inmóvil...Todo era
contenida emoción...Ni línea ruda,
ni agresivo color...El alma diera
algo por tener voz...
La barca muda
llegó como una sombra a la ribera".

jueves, marzo 01, 2007

PLENILUNIO

Para Alex...

Como nunca, el mar y el cielo se habían fundido. La luna, celosa de tan grandioso encuentro, apareció llena, redonda, plena, iluminando con intensidad insólita aquella noche. Testigo único de tan extraordinario espectáculo, decidí contar enmudecido las estrellas en un ejercicio que hubiera querido nunca interrumpir. Al hacerlo y señalar a cada una con el índice, di seguimiento a un sueño tras otro y ellas, como si unieran sus sentimientos a los míos, me impulsaron a volar. Miré desde el aire las crestas del oleaje que, furioso, se alzaba contra ellas, contra todo, contra mi, pero lejano y sutil, cobrando cada vez más altura, fui alcanzándolas maravillado por su hermosura y brillantez. Acaso los científicos habían dicho que los astros no tenían luz propia?...No sé, no lo recuerdo, pero compruebo que se equivocaron.

Como un ángel que juega y salta, recorrí cientos, miles de luceros que generosamente me acogieron. Mi piel pudo bañarse en su delicado y suave polvo y al hacerlo, cobraba un tono tan especial que no parecía el mío. No era blanco, como así lo creí siempre. Era aperlado, como ese que matiza los de las caracolas y de los árboles arrecifales, o como aquel otro que forma un arcoiris en el horizonte.

De pronto, al saltar hacia el más lejano y brillante, empecé a perder fuerza y me precipité al vacío en un horrendo y vertiginoso vórtice que me arrastró cual inerme hoja al viento. Sentí cómo mi cuerpo entero se rompía en mil pedazos al chocar con la tierra y absolutamente inerte cómo la sangre corría libre y ligera. Todo seguía dando vueltas a pesar de que no podía moverme.

¿Qué sucedió?...¿Cómo pasó?...

Mas, si el músculo y la carne se encontraban sin fuerza y estaban ahí, muertos, seguía sintiendo la vida dentro de mi. No era mi corazón el que latía, ya no. Eran mi alma y mi espíritu que, liberados, tornaron a volar, ahora con más fuerza, sin límite, sin ataduras, sin cadenas. Juntos se lanzaron hacia un nuevo horizonte, mucho más hermoso y límpido. Al fin, al fin habían iniciado el camino al hogar.

domingo, febrero 25, 2007

HALLAZGO


Todos los días pasé buscando entre los restos magníficos de aquellas ruinas la joya que yo anhelaba. De hecho, todo el lugar estaba lleno de ellas, pero no tan especiales como la que yo esperaba encontrar. Años y sacrificios había hecho para llegar hasta aquí, y no es que alguien sino mi alma me hayan orientado. Abandoné la seguridad de mi refugio y salté por mi ventana en cuanto sentí el llamado.

Esa fue una noche especial. Cuando la luna, fiel aliada, brillaba con intensidad a pesar de no encontrarse llena, distinguí entre las rocas un objeto diferente, de un material totalmente distinto y mucho más hermoso. Apresuradamente, como si me fuera a ser robado, me coloqué ahí y delicadamente lo aparté de entre los demás. Era de caoba y no había ninguno igual. Aparecía limpio, sin polvo ni daño. Al contrario. La luminosidad lunar permitía advertir los rasgos de un trabajo magistral. Representaba un rostro maya tan expresivo y claro, tan nítido, que me parecía casi real. Lo recorrí con la yema de mis dedos suavemente, como si se tratara de un rostro humano de carne y hueso. Temía herirlo.

Entonces, contra mi voluntad pero siguiendo un llamado superior, decidí depositarlo de nuevo en un lugar seguro. De pronto, la voz, melodiosa y profunda, se escuchó: "no hay lugar más seguro para mi obra que tu espacio, tu cuerpo y tu corazón. La hice con amor pero para nadie en especial. Espero seas tú quien la sepa apreciar y entender. En su interior y en sus formas se expresa una historia, un sentimiento y un perfil".

Miré hacia el sitio desde donde provenía esa clara y sonora voz, pero sólo advertí una silueta. Su contorno. Los claroscuros de la noche no me dejaban ver con certeza y ya no tuve tiempo de detenerme a precisar, pero sí quise, para corresponder, dejarle un regalo.

"Tampoco yo sé si seré el indicado, -dije-. En todo caso, prometo encaminar todos mis deseos hacia ese objetivo. A cambio, quiero abrir a ti la ventana de mi alma. Podrás entrar a ella a través de mis ojos y de mis letras, solamente. Te la regalo. Yo no tengo, como tú, una obra de arte, pero la he forjado lágrima a lágrima y quimera tras quimera con toda la sinceridad que he podido. Igual no sé si tú serás quien sabrá aquilatarla, amarla, protegerla y darle sentido a su existencia. Pero te la doy sin esperar nada a cambio porque sí, porque confío en ti, porque antes de encontrar tu rostro ya sabía de ti y te quería tanto como ahora".

sábado, febrero 17, 2007

CREPÚSCULO


Eran colores diáfanos, increibles,
cuando el sol inició su partida
en la más hermosa de las tardes,
en el momento menos oportuno.

Tú, como una esfinge, oteabas
el firmamento buscando ilusionada
el primer lucero, el primer instante
de aquella noche que nacía.

Yo, nostálgico, sin querer perdí
entonces lo único valioso que poseía,
mi humilde regalo a ese crepúsculo,
una lágrima niña que murió al brotar.

Extraviada tu mirada en el horizonte,
fuiste incapaz de percibir la hondura
de aquel momento extraño,
en que mis dos amores se reunieron.

martes, febrero 13, 2007

EL INFIEL




Por acaso, si vuelve un día,
¿qué le contaré?
-Contaréisle que hasta la muerte
siempre le esperé.

¿Y si no me conoce y sigue
inquiriendo más?...
-Contestadle como una hermana;
él sufre quizás.

Si pregunta por vos, ¿qué cosa
hay que contestar?
-Le dareis mi anillo de oro,
sin decirle más.

¿Si pregunta porqué se halla
la sala desierta?
-Enseñadle extinta la lámpara
y la puerta abierta.

Si sobre el instante postrero
quiere preguntar?
-Respondedle que he sonreído...
¡No vaya a llorar!...

lunes, febrero 12, 2007

HOY DECIDÍ SER FELIZ




Hoy me sentí romántico por primera vez en no sé cuánto tiempo. Seguramente me motivó aquella hermosa, suave e insinuante pieza de Diana Krall, "Temptation". La noche, jóven aún, era menos fría y decidí ir al Manhattan. Hacía meses que no ingresaba a ese precioso ambiente de fino jazz que tanto me gustaba. Como siempre, la atención espléndida. Desde el ajuttier que tomó mi auto hasta la hostess que me condujo a la mesa, hermosa chica que lucía sensacional. Sus ojos ámbar me resultaban tan familiares que si no era ella, me recordaba a una mujer única que no volví a ver.

Antes de ocupar mi reservado decidí beber un martini junto al piano, no sin antes saludar a Genaro, verdadero artista, maravilloso jazzista a pesar de su juventud, quien micrófono al aire anunció su dedicatoria para el amigo Errante que no había venido hacia un siglo. Tocó un lento y sensual apunte de Gillezzpie que me transportó al French Quarter, recordando a ese que en la calle Bourbon tocaba por unas monedas magistralmente el sax. Wow!!!!...Qué recuerdos...vibrantes, sensuales...

Hoy decidí estar feliz. Mis labios rozaron apenas la delicada copa, el martini más seco que recordaba, para bien de mi espíritu, que ya necesitaba un descanso. Se acercó entonces una linda mujer pelirroja que hacía rato me llamaba con los ojos y humedecidos labios. Yo le sonreí y vino hacia donde yo me encontraba para sentarse al lado mío, tan cerca que todos mis sentidos se estremecieron al roce de su piel, única, y ante el envolvente perfume, delicioso, arrobador. Aceptó beber igual un martini sandía, que es para mi gusto refrescante pero sin cuerpo. Después de un par de copas, bailamos sensualmente al compás d esas notas y nos sentimos transportados a otro mundo en el que ya sólo estábamos ella y yo. Decidimos dejar el lugar para disfrutar de una mayor intimidad y cuando me disponía a tomarla del brazo para retirar su silla, dos chavos elegantemente vestidos y dos hermosas mujeres, cada uno por su lado, se acercaron a nosotros. Parecían conocerla a ella. Los saludó cortesmente y los presentó conmigo. La verdad, los cuatro creaban una atmósfera atrayente que combinada con la nuestra, hacía del momento algo más intenso. Me preguntó si tendría inconveniente en que nos acompañaran. Le dije que no porque sentí que ella lo deseaba, aunque yo hubiera preferido seguir con la idea que ya tenía formada. Sin embargo, tampoco estaba cerrado a experimentar.
Llegamos a mi departamento cuando los tragos hacían notar ya un exceso, pero nada que no fuera "normal". El primero en botar la formalidad fui yo y Christian, mi fiel asistente y conocedor de mis gustos, había ya dispuesto el lugar con música prístina y ambiente acogedor. El resto lo dejo a su imaginación. Teníamos frente a nosotros el ventanal de la terraza que daba a la bahía. Corrí la puerta para que entrara la brisa, levemente fría y refrescante. El espacio se lleno de sensaciones, de risas, de sensualidad, de calor, de chocar de copas y de cuerpos. Intenté rescatar a mi bella pelirroja, cuando otras manos me tocaron, otros labios me besaron, alguien me ofrecía champaña y ella...me miraba desde el corredor con una sonrisa tan, tan divina que no la he podido olvidar.

domingo, febrero 11, 2007

IN...VIERNO


Justo un mes después de nuestro encuentro, fui en su busca. Entonces no me pareció que fuera a estrujar mi alma, a aplastarla, a demolerla y a destilarla pacientemente hasta formar un río, no sé si para beberlo o simplemente dejarlo correr entre gozosos chapoteos.

El invierno, es igual en el Polo Norte que en el Sur?...preguntó aquel hombre tumbado en el catre maloliente que había ocupado desde hacía veinte años.

El invierno, respondí, es igual en todos lados, en el norte, en el sur, en el oriente y en el poniente. Su mirada, cansada y triste, sin brillo, reflejaba solamente enfermedad y llanto. La muerte anunciaba estridentemente su llegada. Eso me hizo sentir una profunda pena por él...y por mi. La vida se le escapaba como agua entre los dedos y no encontraba forma yo de impedirlo.

El invierno, es igual para el niño que para mí?...el frío es tan intenso aquí como allá?...lo sufre él igual que yo?...

El invierno es igual para todos, lo vivimos todos, lo sufrimos todos a gritos o en silencio, respondí al tiempo que me acercaba a abrazar a ese pequeño ser carente de todo, hasta de dignidad.

El invierno, te punza el alma y el corazón a ti también?...te martiriza hasta la médula de los huesos?...te entumece los pies, como las manos, como el espíritu?...

De qué invierno me hablas, hombre?...esa estación tan dolorosa, tan angustiosa, no la he conocido jamás. No te entiendo!...Miré con estupor y desesperación el rostro anguloso y duro de aquel espíritu carcomido, puros huesos y piel chorreando, suplicando por una respuesta comprensible y compasiva.

No. Soy yo quien esperaba y necesitaba de ti una respuesta que me dejara ir en paz, dijo, pero veo con amargura tu ansiedad ante mi dolor...Vete...No tengas temor, ni rencor, ni dejes que asome una mancha en tu alma o una lágrima brote de tus ojos. Vete y no mires atrás. Olvida que me viste, que me conociste. Olvida mi invierno, que sí, sólo es mío. Despeja tus dudas en ese antro, en ese lienzo, en ese poema, o...mira...ahí van pasando ellos y ellas, aprovecha, acompáñalos y has como que yo no existo. De todos modos, ya sabes, estoy por partir.
Ríe, canta, baila hasta la extenuación y da vuelta a esta página. Verás como mañana asomará tu primavera de nuevo y serás feliz. Nada ha pasado y el invierno...ah, el invierno...ya llegará, no te angusties más. Ya llegará. A su tiempo. Pero será el tuyo y entonces entenderás porqué cada uno tenemos el nuestro.

Un viento helado golpeó mi rostro cuando abandoné la inmunda habitación. No vi a nadie. No había nadie. Sólo mi ventana que, al cerrarla, me devolvió la calma...no sé por cuánto tiempo más...

viernes, febrero 02, 2007

BÚSQUEDA


Que frenética ha sido esta búsqueda, de un orto que no llega, de un destino inacabado, de una misión indefinida, de un horizonte indescifrable!. Porqué...pregúntome como hace mil años...porqué tenía que ser a mi que se eligiera. Acaso fue al azar?, o todo obedece a un propósito calculadamente frío?...pero, cualquiera sea quién y cómo me conteste , su respuesta la necesito ya, la quiero ahora! No podré dar un sólo paso más si no se atiende de inmediato esta humilde y descorazonada solicitud.

Entretanto y porque sé bien que un acertijo, si acaso, llegará, dormiré un poco para ahuyentar el deseo cada vez más mío, cada vez más irresistible de poner fin a tan larga y cruel desolación. Y es desolación, aunque no lo creas, aunque pienses que deliro, porque, sí, es cierto, he puesto mi fe en ti y por eso no he dejado de creer en el amor, en la humanidad, en su bondad, en su inocencia. No he dejado de besar, de abrazar, de amar de sonreir y no he empezado a odiar ni dejo que la indiferencia llegue a mi. Puedo aún compadecerme y sentir en mi carne el dolor ajeno, pero...hasta cuándo, hasta dónde?, y sobre todo, tendré que seguirlo haciendo sin nadie hasta el fin, sin alguien que me guíe, que me acompañe, o tan sólo que me consuele un poco besando con ternura mis labios?

Qué busco?. Dónde busco?. A quién busco?...

Serás tú quien me responda...siempre...sombra errante?

miércoles, enero 31, 2007

EL ANDÉN


Este relato sólo me concierne a mí y lo termino el 31 de enero. Da cuenta de hechos reales, fortuitos, llenos de todos los sentimientos posibles que no me detendré a enumerar porque cansaría y aburriría a ese lector solitario que por azares del destino se asome a mis letras. Aunque estoy seguro de que él, si tiene alma, comprenderá y compartirá mi pesar, mis lágrimas y mis estupideces.

Hace algún tiempo, no mucho, caminaba yo por los andenes de una vieja y olvidada estación. Hacía lustros que un tren no se veía por allí. En cambio, hombres y mujeres sin esperanza habían hecho de ella un cálido hogar donde refugiar recuerdos, hambre, tristezas, amarguras y desolación. La muerte rondaba a diario por ahí, frotándose las manos y cargando esa inmensa bolsa que le sirve de puerta para llevar a tantas almas hacia Dios sabe dónde.

La mirada puesta en el infinito, los pies marcando pasos sin rumbo y la mente divagando en mil cosas, hacían de mi andar un mero deambular; un ir y venir sobre losas quebradas y contornos grises. De vez en cuando uno de esos pobres y olvidados seres alargaba su brazo hacia mí como pidiendo no un pedazo de pan, sino una caricia; un poco de abrigo y comprensión; acaso un abrazo y si mucho...un beso. Su carga no era tan sólo la falta de alimento. Era sobre todo falta de amor. Una carencia de muchísimos años y quizá de toda la vida. Sus rostros, que a más de macilentos aparecían zurcados por huellas imborrables dejadas por millones de lágrimas derramadas injustamente, quedaban grabados en mí uno a uno y me transmitían el peso abrumador de su dolor sin límite. Sin embargo, no sé porqué, sentía la necesidad de compartirlo, de hacerlo mío, de sufrir con ellos tan terrible castigo. A ninguno conocía. Jamás los había visto. Pero ahora eran ya mis hermanos, mis hijos, y yo significaba un blanco paño de lágrimas al que se acercaba perseverante y amoroso aquel cortejo de espíritus sin nombre.

A cuantos fueron viniendo abracé entre sollozos y sonrisas. Mis manos sintieron la dureza de esos rostros, la fiereza de esos bordes, la aspereza de esas pieles, la rigidez de esos cabellos y de aquellas extremidades. Más grande que el pavor que iba apoderándose con fuerza de mí, era mi necesidad de darme a todos ellos, sin entender y sin pretender entender porqué. Mas mis fuerzas menguaron con el constante succionar que hacían de mi cuerpo y de mi alma. La tristeza que empezó a dominarme ya no era la de ellos. Era la mía, infinitamente mayor y abrumadora que la de todos. Poco a poco, enmedio de estertores fatales, me fui desvaneciendo y empecé a perderme entre aquella humanidad, entre esos brazos, piernas, harapos y ojos de mirar vacío. Busqué desesperadamente aferrarme a algo, a alguien, también yo necesitado de amor.

Entonces, sin esperanza alguna, muerta ya cualquier ilusión, en el fondo de aquel túnel escuche lejano el silbato del tren que se acercaba. No podía creerlo!. Es imposible! Aquí ya no llega ningún tren! Pero apareció esa luz y luego un largo, casi interminable e iluminado ferrocarril que extrañamente sólo a mi me devolvió el aliento. Mis hermanos, mis hijos, ya no pudieron reconocerlo ni sentirlo.

Sacando fuerzas de la esperanza aún latente, dificultosamente me incorporé. Entre el humo exhalado por esa máquina percibí una silueta que se acercaba imponente. El áura a su alrededor le daba un brillo especial. Mi corazón empezó a latir con fuerza. Sentía que estallaría cuando me di cuenta de que eras tú. Llevabas el abrigo negro que tanto te gustaba y yo, impulsándome en esa sucia pared me lancé hacia ti.

Me viste. Advertiste mi alegría, la luz en mis ojos enmedio de aquella espantosa oscuridad y...entre nostalgias, diste media vuelta para subir de nuevo al carro 18 que te había traído hasta aquí. Volteaste hacia mí cuando ya lo abordabas, mientras yo, incrédulo, quedé como una esfinge atrapado en el instante mismo de tu desprecio. De nuevo nuestros ojos se encontraron, como aquella vez. Qué hermosos!...siempre los admiré embelezado. Ahora también. En ese instante un relámpago de amor me hizo temblar y caí de rodillas, herido mortalmente por tu crueldad y escuchando el tren al partir. Vinieron otra vez mis hermanos, mis hijos, dándome cobijo entre sus macilentos brazos, sin fuerza. Llegó la noche...la noche eterna.

sábado, enero 27, 2007

PROHIBIDO


Te prohibiste conocerme...pero, como la bruma, entré a tu alma.
Te prohibiste amarme...pero yo te amé.
Te prohibiste perdonarme...pero yo te sigo deseando.
Te prohibiste regalarme un beso...pero yo te di mi vida.
Te prohibiste dejarme hacerte feliz...pero yo renuncié a mi felicidad por ti.
Te prohibiste creer en mi...pero en el primer instante yo te entregué mi fe.
Te prohibiste reír junto a mi...pero yo formé un caudal de sonrisas.
Te prohibiste compartirme tus sueños...pero yo he soñado contigo.
Te prohibiste darme un minuto...pero yo al nacer empecé a aguardar por ti.
Te prohibiste recordarme...pero yo vivo en ti.
Te prohibiste escucharme...pero tus palabras aún vibran en mi corazón.
Te prohibiste mirar por mi ventana...pero es por ella que yo llegué a ti.
Te prohibiste dejar la oscuridad...pero yo renuncie a la luz para acercarme a ti.
Te prohibiste expresarme tu amor...pero yo te extiendo sin condiciones el mío.
Te prohibiste lo prohibido...pero yo te digo que es hermoso.
Te prohibiste mirarme...pero mis ojos retuvieron la intensidad de los tuyos.
Te prohibiste regresar...pero olvidaste devolverme mi espíritu.
Te prohibiste morir por mi...pero yo, viviré pronto en la eternidad por ti.




miércoles, enero 24, 2007

DESPEDIDA


Como lo intuí, jamás volvió. Alguien me dijo que no abrigara esperanzas, que los ángeles por eso son ángeles, porque no vuelven, porque están allá muy lejos según eso pendientes de ti, pero en realidad se dedican a jugar. No olvides, me recordaron, que son niños y sólo piensan en sí mismos.

Yo no quería aceptarlo. Guardaba aún, no sé porqué, una remota esperanza. Acaso porque la había mantenido siempre o tal vez porque cuando se presentó me pareció tan sincero, tan noble, tan cercano a mi...que hasta llegué a creer que era el mío. Sí era un niño, pero eso no me sorprendió porque sé que los ángeles son niños y los niños son ángeles, aunque también me han dicho que hay algunos que se conservan así todo el tiempo hasta llegar a viejos. O será porque necesito tanto de un ángel que no quiero resignarme...no.

Luego, de tanto meditar, de tanto soñar, de tanto anhelar...me cansé. Vagué sin rumbo y sin destino por un minuto o unos días dejando que fuera mi inconsciente quien me llevara a donde quisiera. Nunca lo había hecho. Sentí una rara serenidad al percatarme de que no sabía a dónde ibamos mi mente, mi espíritu, mi alma y yo. Por eso, felizmente perdí la noción del tiempo, del espacio y casi de todo. Pero lo que sí recuerdo son los muros y los pisos que me dieron abrigo, los parroquianos que compadecidamente me escucharon; la luna, que siempre ha sido mi cómplice, y el lucero aquel, otrora cruel, ahora amigo y faro benévolo.

Mi dolor menguó con aquel trajinar, seguro de que con el tiempo quedará atrás. Ignoro cómo llegué a mi refugio, el cual pude reconocer sólo cuando me acerqué a la ventana, atalaya amada desde la que he contemplado tempestades y desiertos, virtudes y ocios, días y noches, amores y desamores. Sólo así supe que había vuelto y desde aquí digo adiós a quien, jugando, vino a mi, oculto ya en un batir de alas tras de la Estrella Polar.


sábado, enero 20, 2007

LA SOMBRA


Llegué a aquel espacio sin saber ni cuándo ni cómo. Todos se habían ido dejando un hueco inmenso y yo, anhelante de amor, encontré sólo una sombra, una sombra de tiempos, de ritmos, de sonidos, de besos, de...nostalgia.

En la infinita huella que dejara una pasíon única, no cabía nada, ni nadie. El corazón doliente sólo buscaba la caricia reconfortante del minuto que se fue. Quizá la palabra, el aroma, el sutil roce de otro sentimiento intenso. El corazón, ah...el corazón. Cuántas veces le dije, le supliqué que no volviera a enamorarse...pero terco y noble, no quiso aguardar, no quiso escuchar y, de nuevo, emprendió la aventura de entregarse, de fugarse hasta las estrellas en pos del ideal...

Es incomparable el amor y aún superior el arte de amar. No tiene explicación ni la busca. Sólo es. Así, como ayer y como mañana, él se entregará...sin condiciones, sin ataduras, sin resabios. Él se entregará, aunque sea tan breve y tan efímera la sombra que dejaste aquí...en esa sábana, en esa cama, en esa almohada.

Y hoy, al mirar a través de mi alma y de mi ventana el porvenir y al mismo tiempo el universo...me pregunto...¿estás ahí, sombra errante?...¿puedo confiar en que me harás el amor como aquella noche entre las arenas de la playa, sintiendo en cada poro de mi piel la suave presencia de tu inexistencia?...

SOBRE LA PLAYA


Acuéstate en la playa y recoge en la mano
para dejar que escurra después, grano por grano,
la hermosa arena rubia que el sol hace de oro;
cierra luego los ojos, mas antes ve el sonoro
mar que la orilla besa, y el cielo transparente,
y cuando, poco a poco, sientas que dulcemente
no queda peso alguno en tu mano ligera,
abre otra vez los párpados; pero antes considera
que nuestra propia vida toma y devuelve activa
a las eternas playas su arena fugitiva.

jueves, enero 11, 2007

EL ÁNGEL


Vino un día y me tomó por sorpresa. Era un ángel. No sabía cómo eran los ángeles hasta que él llegó, pero no creo que se parezca a otros o a alguno. Me tomó por sorpresa. Todos los días de mi vida soñé y aguardé a que llegara y puesto que mi esperanza se había extraviado, casi cerraba ya la ventana. Lo miré y minuciosamente revisé su cuerpo. No tenía alas ni era rubicundo. Tampoco regordete ni rubio. Sus ojos, profundamente negros, tanto o más que mi oscuridad, me situaron por un instante entre el desconsuelo y la desilusión. Siempre leí y me dijeron que los ángeles eran blancos y de mirar azul. No. No era el prototipo y sin embargo mi conciencia pero sobre todo mi alma me decía que sí era un ángel.

Él buscaba traviesamente que su mirada y la mía se encontraran. Yo no podía desprenderme de su imagen. Jugaba conmigo. Me conocía a la perfección, desde siempre. No sé por qué ignoró mis llamados y menos por qué de pronto había decidido venir. Al verme a los ojos, descubrí un lago límpido y sereno, lleno de paz y de dulzura. Sus palabras, su voz, obraron el inmenso placer de remontarme a no sé cuál centuria, a la más hermosa de todas cuantas he trastocado.

El ángel, que no dijo si era el mío, de un momento a otro, sin sentirlo, hizo de mi espíritu algo suyo. Se apoderó de él con suavidad, enmedio de una bruma increiblemente fresca, extrañamente familiar y de una sensualidad exquisita. Por un momento quise interrogar, saber, inquirir, pero temí quebrantar aquel momento incomparable. Entonces guardé silencio y dejé que el misterio nos rodeara para ir descubriendo cada segundo el otro placer, el de ignorar; el de que sin protestar, los sentidos hicieran lo suyo. En definitiva, no era como los demás ángeles.

Intempestivamente...se esfumó. No me di cuenta cuándo se fué...o si yo me fui y... apareció un sentimiento de inmensa soledad y abandono, aún más intenso y doloroso que el de antes.

La aurora estaba por despuntar y supliqué que se dilatara un poco para intentar ansioso la inútil búsqueda. Los últimos instantes de la noche se diluyeron presurosos. Desde entonces, al llegar la oscuridad miro el horizonte y me confunde el brillo de la Estrella Polar. Cruelmente me hace creer que con ella vendrá de nuevo para no irse jamás. Pero es un engaño. No volverá. Lo sé bien. Por eso cada noche, entre sollozos, dedico una lágrima negra, muy amarga, al ángel nocturno que cayó, que llegó sin querer.

viernes, diciembre 22, 2006

PARA LA NAVIDAD DEL 2006

Heme aquí, una vez más, mirando sin mirar, sintiendo sin sentir, esperando sin esperar, la víspera de la Navidad. No recuerdo dónde ni cuándo empecé a perder la esperanza, la alegría y la fe. Tampoco dónde ni con quién estuve el año pasado, ni el antepasado, ni...

Los días y las noches transcurren y han transcurrido en silencio, sin sombras, sin apuro. Los pasos de las hormigas retumban en mis oídos y el arrastrarse infinito de los gusanos; el aletear de la libélula y allá a lo lejos, muy lejos, el vuelo del pelícano. El golpe del último copo de nieve me hace estremecer.

Aguardo sin nostalgia y sin ansia el 24 de diciembre, que seguramente será otro más. Sólo surge una imperceptible emoción cuando pienso que en esa fecha, por única vez quizá, el hombre dejará unos instantes de ser el feroz enemigo de sí mismo y de la naturaleza que lo rodea, para soñar en que hace siglos fue y tal vez en que pueda volver a ser...hermano.

Estilizo en mi imaginación esa imagen: El mundo rodeado por millones de seres humanos que se funden en un abrazo, así sea por un par de segundos. Los soldados norteamericanos confundidos sin sangre y entre risas con el pueblo iraquí. Los coreanos, un solo pueblo otra vez. Las religiones sin fanatismos caminando hacia un mismo Dios. La pobreza y el hambre sustituidas por bienestar y satisfacción. La enfermedad y la ignorancia por salud y educación. El odio por amor. Los golpes y las ofensas por caricias y poesía. El mal por el bien. La destrucción por la preservación...será tan difícil?...acaso es esperar demasiado?...

Por la llegada aquí de tantos y tantos nuevos seres cada día, vuelvo a soñar, como cada año, en un mundo que no he conocido. Anhelo, como cada año, despertar en él, pero la esperanza, la alegría y la fe se me van como agua entre los dedos.

Sí. Estilizo una imagen y mantengo una emoción...A ti, hermano, donde quiera que estés, extendiéndote mi mano te digo: ¡Quisiera compartirla contigo!...


martes, diciembre 12, 2006

SOMBRA NÁUFRAGA

Mi corazón es una sombra nueva
entre sombras sin voz, sombra perdida
en pérfida corriente sin salida
que no se sabe nunca a dónde lleva.

Viajera sin timón, la sed abreva
en leteos de mal, por ver si olvida
la angustia de sus horas y la herida
que al golpe de los días se renueva.

Sombra sin fin, sin voz y sin amparo
qne en vano busca en la tormenta el faro
que ponga punto a su vagancia loca,

y que en viaje de horror, perdido el rumbo,
surca trágico mar, de tumbo en tumbo,
para estrellarse en ignorada roca.

domingo, diciembre 03, 2006

ENCUENTRO II


Para Yorick...

Eran las 12 menos cuarto al momento en que aquel desvencijado y ridículo autobus arribó a mi paraíso. Yo, que con escasa ropa miraba desde la playa el descenso de sus ocupantes, no logré ubicarte enseguida dentro de la multitud, así que cuando el operador cerró la puerta me acerqué y le pregunté si eran todos los pasajeros. Contestó con enfado que sí. Le pedí que de nuevo abriera y revisara bien. A regañadientes accedió, más que nada porque entendió que no lo dejaría en paz sin saber de ti. Ambos abordamos el cacharro y allá, casi al final, dormías como si estuvieras en el lecho más suave y confortable. Ese sombrero que llevabas no me dejaba verte bien, pero tus cejas y boca eran incofundibles. Le dije que no te despertara. Al menos no inmediatamente. Me sentí mal de interrumpir tu sueño, pero el chofer golpeó con un manojo de llaves el borde del asiento y saltaste de inmediato. Nos miraste con sorpresa y maldiciéndonos, como es tu estilo. No pude contener la carcajada y tu molestia se convirtió en disgusto. Él te indicó que bajaras y con desprecio te dispusiste a descender. "Sí weyes...me voy. Y como allá abajo me están esperando, ustedes vayan y ..... mucho a su madre". Eso dijiste cuando ya corrías hacia el mar y abriendo los ojos con desmesura para descubrirme.

Yo te seguí y debo confesarte que estaba disfrutando como un imberbe el momento, dejando que la incógnita se mantuviera por unos minutos más. Observaba con total curiosidad tu indumentaria, parecida a la que hace años vi en Montego entre rastafaris, amigos míos con quienes conviví un tiempo entre guitarras y bohemia. Te asocié con ellos y te encontré más interesante. Quería que descubrieras sin ayuda que yo era yo.

Sólo un pequeño malecón de arena fina bordea la caleta que forma el contorno de aquella hermosísima bahía. Lo recorriste con parsimonia y acalorado por ese ropaje, hasta llegar al palmar de Gabriel, quien se encontraba sirviendo algunos ostiones y calamares que por la mañana había sustraído al océano. Te dirigiste a una mesa y cuando pedías una bebida, él gritó: Errante...qué te tomas hermano?...lo de siempre?..., dijo, cuando ya servía mi tequila mantarraya.

Al escuchar mi nombre diste vuelta y finalmente me miraste con una sonrisa, para enseguida avalanzarte hacia mí, abrazarme y plantarme un beso, tan intenso como puede serlo el primero. "Si hubiera sabido que eras tú, mi mentada habría sido menos rasposa"...aclaraste. "Si hubieras sabido que era yo, jamás me habrías vuelto a ver"...dejé caer con sinceridad. Entonces, ambos sentimos que éste era un reencuentro que tuvo una pausa de toda la vida. Nos sentamos y esperamos el atardecer, para luego perdernos en el mar, en la arena y en la oscuridad...





sábado, diciembre 02, 2006

PARA CUANDO AMANEZCA

La seda de tu cuerpo me envolvió hasta la madrugada, embriagándome por completo de ti. Llegué tarde y me esperabas. No pude evitar la demora ensimismado como estaba en aquellas otras noches de soliloquios y fantasmas. También me dominaba el miedo. Ese miedo perturbador y enajenante ,inmotivado, que me agobia desde que te besé por primera vez. Pero hoy no quiero remembranzas tristes. Aquí estoy abrazándote, sintiéndote, apoderándome de ti de tal manera que no anhelo nada ni a nadie más.

Y para cuando amanezca prometo volver a amarte con toda la fuerza y entrega de que soy capaz. Tus manos, tus ojos, tus labios harán brotar el deseo inmenso que llevo a flor de piel, para derramarlo en un instante tuyo y mío sin importar que el sol nos bañe de nuevo ni tampoco que alguien llame a la puerta o al corazón y nisiquiera si el océano me busca.

Para cuando amanezca, quiero tocar otra vez tu alma y hacerla vibrar infinitamente con una nota imperceptible a los demás. Una nota que viene de un extraño espacio sólo reservado a quienes pueden encontrar en las nubes, en el mar y en el joyel nocturno la respuesta a sus sueños y a sus interrogantes. Una nota que puede ser escuchada y sentida por diez...acaso quince navegantes del amor. Una nota que aún no ha sido expresada...y permanece.

Para cuando amanezca, no habrá sollozos ni desencuentros. Sólo una rosa blanca a tu lado como imagen perenne de mi amor.

domingo, noviembre 26, 2006

RETORNO

He dejado para el último estas líneas, convencido de que ya no vendrás. Tanto tiempo de esperar, de soñar, de anhelar ilusionado tu llegada, ha acabado con mi fe, que era inmensa. Me dispongo ahora a cerrar la ventana, pero antes quiero trazar en el cristal un dibujo que no refleje mi tristeza. Se referirá a aquel encuentro maravilloso en el jardin de Providencia. Nunca lo olvidaré. Me llevó a otra parte, a otro cielo y a otro mundo, hasta construír en él la felicidad, hoy hecha añicos, como barata réplica de bacarat.

Vuelvo a la penumbra que me llama alborozada. Junto a ella están mi soledad y mis recuerdos. También los fantasmas de los que una noche te hablé, mis amigos, mis compañeros. Ese es mi verdadero mundo. En él nadie me perturba. Hay paz, silencio,
oscuridad. Mis ojos se habían acostumbrado a la luz, pero no les será difícil apagarse.

Allá está mi viejo sillón. Ja, ja, ja. Había olvidado la felicidad que provoca el no abrir la boca, ni la pantalla, ni la ventana. No recordaba el grandioso placer de ensimismarse. La profunda tranquilidad que otorga el hablar para mi mismo. La absoluta seguridad de no estar con nadie...

Ah, pero me harán compañía, claro, los luceros, las olas, las luciérnagas. El ejército de hormigas y de comejenes que en rigor nunca me abandonaron. Igual aquellos albatros y pelícanos, gaviotas y golondrinas, hermanas y hermanos míos a quienes yo adoro. Las nubes, las tormentas, los amaneceres y las puestas de sol. Los tigrillos, las mofetas, mis sueños, mis quimeras, mis tonterías, las rosas, los cipreses que no sé cuándo planté en recuerdo de aquellos otros amores.

Están ahí, fieles y leales refugios, mis libros, mis notas, mi lápiz y ese cuaderno en blanco que por tantos años ha esperado. Tampoco me han abandonado ni lo harán, las imágenes que tú me regalaste ni esas otras que yo te di. Las sensaciones, las caricias, los besos y, por lo que ve a Chiloé, iré en cualquier momento porque así lo quiero.

Después, mi barca. Mi amada barca. Desde esta atalaya, ventana mía, la miro. Está aguardando nuestra partida y sabe que nos vamos. Antes de que me esfuerce, estará desprendiéndose de la playa y pondremos proa nuevamente hacia el destino para retornar a él.

Ha sido hermoso. No me arrepiento. Bajel no te detengas. Errante, sigue tu camino!


Acerca de mí

Nací un martes 13 exactamente a las 00.13 y alguien dijo que por eso estaba emparentado con un ángel desalojado del Paraíso. Tal vez...