Voy a decirte adiós,
mas no te extrañes,
la vida es un adiós
trágico...infinito...
Tomamos todo
y todo lo dejamos
por nada...
porque así somos...
porque somos fugaces,
matices de un ocaso
que se va suavemente
con su débil sabor intrascendente.
Porque el viento nos lleva
como briznas de angustia
que no esperan descanso,
que nunca dejan huella,
que no tienen arraigo.
Porque el alma es inquieta,
enamorada audaz de lo infinito.
viernes, agosto 10, 2007
domingo, agosto 05, 2007
TLALLALMENTHI
El guía se detuvo ante aquella oquedad, se santiguó y volvió por donde vino, pero antes me dijo que si quería encontrar lo que buscaba tendría que llegar hasta el fondo y sin ataduras. Con temor e incertidumbre entré ignorando si lograría salir, pero mi necesidad de saber, de averiguar era infinita.
Miré con detenimiento el entorno, los bordes, tan angostos que sólo permitían el paso de una persona a la vez, y luego la oscuridad impresionante que todo lo envolvía. Pudo más la angustia por colmar mi inquietud que el miedo y me lancé en esa loca y absurda aventura sin retorno por recuperar lo más valioso, lo más sagrado, lo único importante que en verdad no supe cuándo me fue arrebatado. Lo decidí porque unos días antes conocí a alguien, un niño ajeno a mi, quien moribundo en las calles me señaló al oriente para recuperarlo y balbuceó un nombre: Tlallalmenthi. Jamás lo había escuchado ni entendí en ese momento lo que significaba ni lo que él quiso transmitirme, pero en ese instante sobrevino un nudo en la garganta que no podía sacar y una angustia por saber.
Averigué aquí y allá y fue así que llegué hasta la caverna. Tlallalmenthi...
Inicié mi camino entre rocas, un camino resbaladizo que nadie o muy pocos habían hollado, sólo acompañado de mi espíritu y mi alma. Tenía conmigo ese recuerdo que iba a buscar. Era un acicate, un impulso vigoroso e irrenunciable que a cada paso me hacía ir con más fuerza hacia delante. Era, en verdad, una obsesión, lo reconozco, pero por eso no me importaba que mi vida quedara allí.
Al recorrer aquel lugar, ora estrecho, ora inmenso, fui pasando cada una de las etapas de mi vida. Amores perdidos, derrotas implacables, mentiras y errores que habían marcado mi derrotero. Ante cada una, las lágrimas brotaron y un dolor inaguantable se apoderaba de mi, haciendo de mi viaje el más triste de cuantos recordaba. Pero sin saber cómo, aunque sí porqué, seguí adelante. ¿Y dónde están los triunfos, los besos, los aciertos?...grité a las paredes, encontrando por respuesta el eco de mi voz. ¿En dónde?...
Suplicante, lleno de sollozos y de amarga desolación, seguí mi ruta. Pasé por salas que al iluminarlas con mi pobre luz, dejaron ver sin embargo la riqueza de aquella cueva, que brillaba en amatistas y bermellones. Pero no eran joyas ni monedas, no. Colgaban de aquellas paredes las sonrisas y las burlas, las máscaras que relucientes habían sido vistas por mi durante toda mi vida. Cómo las desprecio!
No me di cuenta en qué momento mis pies, mis manos empezaron a sangrar. Los filosos bordes y las ásperas rocas habían hecho su trabajo. También mi rostro estaba marcado ya por las heridas...pero quería seguir y además regresar, sería peor. Igual, mi ropa, raída y sucia, fue quedando en el camino, hasta encontrarme desnudo, completamente desnudo a merced de insectos que por millones succionaban mi cuerpo. Pero no quería darme por vencido. ¡NO! El tesoro más grande debía encontrarlo.
No sé cuánto tiempo pasó. Quizá semanas. Casi arrastrándome pude llegar a una saliente donde el brillo de una luz natural me hizo renovar mi lucha. Me incorporé en el promontorio sólo para perder el equilibrio y rodar golpeándome violentamente hasta la salida. Por fin¡
Ahí encontré un divino paisaje, pleno de bosques, de humedad, de flores. Un río cantaba cerca con alegría y una mariposa de mil colores se posó en mi hombro adolorido. Cuando pude afinar mi vista aún más, miré al cielo y un grupo de gaviotas iba surcándolo...todo era paz, todo era paz.
Niñez mía, porqué te escondiste todo este tiempo?...porqué tu silencio que me descorazonaba?...porqué me habías abandonado, si siempre fuiste mi mayor tesoro?...
Miré con detenimiento el entorno, los bordes, tan angostos que sólo permitían el paso de una persona a la vez, y luego la oscuridad impresionante que todo lo envolvía. Pudo más la angustia por colmar mi inquietud que el miedo y me lancé en esa loca y absurda aventura sin retorno por recuperar lo más valioso, lo más sagrado, lo único importante que en verdad no supe cuándo me fue arrebatado. Lo decidí porque unos días antes conocí a alguien, un niño ajeno a mi, quien moribundo en las calles me señaló al oriente para recuperarlo y balbuceó un nombre: Tlallalmenthi. Jamás lo había escuchado ni entendí en ese momento lo que significaba ni lo que él quiso transmitirme, pero en ese instante sobrevino un nudo en la garganta que no podía sacar y una angustia por saber.
Averigué aquí y allá y fue así que llegué hasta la caverna. Tlallalmenthi...
Inicié mi camino entre rocas, un camino resbaladizo que nadie o muy pocos habían hollado, sólo acompañado de mi espíritu y mi alma. Tenía conmigo ese recuerdo que iba a buscar. Era un acicate, un impulso vigoroso e irrenunciable que a cada paso me hacía ir con más fuerza hacia delante. Era, en verdad, una obsesión, lo reconozco, pero por eso no me importaba que mi vida quedara allí.
Al recorrer aquel lugar, ora estrecho, ora inmenso, fui pasando cada una de las etapas de mi vida. Amores perdidos, derrotas implacables, mentiras y errores que habían marcado mi derrotero. Ante cada una, las lágrimas brotaron y un dolor inaguantable se apoderaba de mi, haciendo de mi viaje el más triste de cuantos recordaba. Pero sin saber cómo, aunque sí porqué, seguí adelante. ¿Y dónde están los triunfos, los besos, los aciertos?...grité a las paredes, encontrando por respuesta el eco de mi voz. ¿En dónde?...
Suplicante, lleno de sollozos y de amarga desolación, seguí mi ruta. Pasé por salas que al iluminarlas con mi pobre luz, dejaron ver sin embargo la riqueza de aquella cueva, que brillaba en amatistas y bermellones. Pero no eran joyas ni monedas, no. Colgaban de aquellas paredes las sonrisas y las burlas, las máscaras que relucientes habían sido vistas por mi durante toda mi vida. Cómo las desprecio!
No me di cuenta en qué momento mis pies, mis manos empezaron a sangrar. Los filosos bordes y las ásperas rocas habían hecho su trabajo. También mi rostro estaba marcado ya por las heridas...pero quería seguir y además regresar, sería peor. Igual, mi ropa, raída y sucia, fue quedando en el camino, hasta encontrarme desnudo, completamente desnudo a merced de insectos que por millones succionaban mi cuerpo. Pero no quería darme por vencido. ¡NO! El tesoro más grande debía encontrarlo.
No sé cuánto tiempo pasó. Quizá semanas. Casi arrastrándome pude llegar a una saliente donde el brillo de una luz natural me hizo renovar mi lucha. Me incorporé en el promontorio sólo para perder el equilibrio y rodar golpeándome violentamente hasta la salida. Por fin¡
Ahí encontré un divino paisaje, pleno de bosques, de humedad, de flores. Un río cantaba cerca con alegría y una mariposa de mil colores se posó en mi hombro adolorido. Cuando pude afinar mi vista aún más, miré al cielo y un grupo de gaviotas iba surcándolo...todo era paz, todo era paz.
Niñez mía, porqué te escondiste todo este tiempo?...porqué tu silencio que me descorazonaba?...porqué me habías abandonado, si siempre fuiste mi mayor tesoro?...
viernes, julio 27, 2007
FINALE

El telón cayó y ningún espectador aplaudió. Petrificados, miraban atónitos aún la parte final del gran final de la escena final. La extraña e inusual obra que acababan de atestiguar, sin costo alguno por supuesto, había penetrado hasta lo más íntimo y profundo de ellos por todos los poros de su piel, por la mente, el corazón y el espíritu. De hecho, algunos no resistieron la necesidad de llorar; otros no podían ponerse en pie debido a la náusea. Pero los del fondo pedían más, esperaban más y necesitaban más, crueles y enfermos como son.
Yo, sin proponérmelo pero llevado por ti, me convertí de la noche a la mañana, -de la noche a la mañana-, en actor improvisado de ese drama que se inició festivamente y hasta con tintes poéticos, sin imaginar en dónde ni cómo habría de terminar.
Realmente no recuerdo cuándo fue que subí a escena, y no lo recuerdo por el simple hecho de que antes de conocerte no quería ni había pensado en ser actor. En cambio tu vida había girado y creo que seguirá girando en torno del espectáculo, por más deprimente que pueda llegar a ser. Al fin y al cabo, dijiste, la vida es una tragicomedia. Porqué no empezar a ensayar desde ahora?
Es triste, no más, sentirse utilizado. Y digo que no más porque de alguna manera, sin quererlo me has puesto a prueba y siento mayor fortaleza. Tu actuación, magistral como todas las demás, ha dejado perplejos a todos menos a mí, aunque reconozco que cuando removiste un poco de tu alma la máscara, un escalofrío recorrió como relámpago todo mi ser. Lo notaste y lo disfrutaste. No fue la primera vez, pero a aquella no le di importancia.
Yo, sin proponérmelo pero llevado por ti, me convertí de la noche a la mañana, -de la noche a la mañana-, en actor improvisado de ese drama que se inició festivamente y hasta con tintes poéticos, sin imaginar en dónde ni cómo habría de terminar.
Realmente no recuerdo cuándo fue que subí a escena, y no lo recuerdo por el simple hecho de que antes de conocerte no quería ni había pensado en ser actor. En cambio tu vida había girado y creo que seguirá girando en torno del espectáculo, por más deprimente que pueda llegar a ser. Al fin y al cabo, dijiste, la vida es una tragicomedia. Porqué no empezar a ensayar desde ahora?
Es triste, no más, sentirse utilizado. Y digo que no más porque de alguna manera, sin quererlo me has puesto a prueba y siento mayor fortaleza. Tu actuación, magistral como todas las demás, ha dejado perplejos a todos menos a mí, aunque reconozco que cuando removiste un poco de tu alma la máscara, un escalofrío recorrió como relámpago todo mi ser. Lo notaste y lo disfrutaste. No fue la primera vez, pero a aquella no le di importancia.
De momento me sentí sorprendido, sobre todo por tu frialdad, pero inmediatamente una sucesión de hechos entre nosotros vinieron a mí como en cámara lenta y haciendo memoria coloqué cada uno en un inmenso rompecabezas imaginario para descubrir que desde la primera palabra que me dirigiste todo, absolutamente todo, estuvo calculado milimétricamente. Así que, repuesto de esa primera impresión...seguí con atención tus palabras, tus gestos, los movimientos de tu cuerpo. Las cosas iban poco a poco por sí solas tomando su lugar, encontrando su espacio, hoyando sus huellas. Brotaba con naturalidad una elocuente explicación respecto de esta parodia que hoy toca a su fin.
Mira, mira las reacciones entre el público, entre éste público que no pagó entradas y que aún ignoro si disfrutó, si gozó, si terminó asqueado o qué?...
Ha sido, lo acepto, una escena barata. Una obrita de quinta. No por tu gracia y desenvoltura, sino por el argumento, deleznable, pero como muchos de los espectadores, yo no caí en cuenta sino hasta el final. ¡Grand finale!...Ellos, la mayoría, deseaban sin embargo un cierre truculento, escabroso, doloroso, angustioso...como los de todo ese tipo de tramas, mas no fue así.
Al salir del teatro no lo hicimos por la puerta de atrás, a pesar de la ausencia de palmas. Las luces fueron apagándose lenta y discretamente hasta dejar todo en penumbras. Hice a un lado el telón y bajamos juntos los cuatro o cinco peldaños hacia el pasillo lateral. Aparentemente nadie advirtió cuando llegamos a la puerta, donde cada quien tomaría su camino. Te dije adiós asumiendo que nada había pasado porque de hecho nada había pasado. Sólo el uso que me diste durante un tiempo y nada más. Eso...a final de cuentas, nada significa. Nisiquiera un recuerdo. El tiempo todo lo borra. Ya lo verás.
Me disponía a dar media vuelta para dejar todo atrás, cuando se me acercó un hombre cubierto con un sombrero negro. No podía ver sus facciones pero creí reconocer su voz cuando me dijo: Lo siento por ti, que sigues siendo un soñador. Un destello de luna iluminó su cara cuando le respondí directo: No lo sientas tanto. Me estoy acostumbrando...me estoy acostumbrando.
Quizá eso explique porqué no siento dolor.
Mira, mira las reacciones entre el público, entre éste público que no pagó entradas y que aún ignoro si disfrutó, si gozó, si terminó asqueado o qué?...
Ha sido, lo acepto, una escena barata. Una obrita de quinta. No por tu gracia y desenvoltura, sino por el argumento, deleznable, pero como muchos de los espectadores, yo no caí en cuenta sino hasta el final. ¡Grand finale!...Ellos, la mayoría, deseaban sin embargo un cierre truculento, escabroso, doloroso, angustioso...como los de todo ese tipo de tramas, mas no fue así.
Al salir del teatro no lo hicimos por la puerta de atrás, a pesar de la ausencia de palmas. Las luces fueron apagándose lenta y discretamente hasta dejar todo en penumbras. Hice a un lado el telón y bajamos juntos los cuatro o cinco peldaños hacia el pasillo lateral. Aparentemente nadie advirtió cuando llegamos a la puerta, donde cada quien tomaría su camino. Te dije adiós asumiendo que nada había pasado porque de hecho nada había pasado. Sólo el uso que me diste durante un tiempo y nada más. Eso...a final de cuentas, nada significa. Nisiquiera un recuerdo. El tiempo todo lo borra. Ya lo verás.
Me disponía a dar media vuelta para dejar todo atrás, cuando se me acercó un hombre cubierto con un sombrero negro. No podía ver sus facciones pero creí reconocer su voz cuando me dijo: Lo siento por ti, que sigues siendo un soñador. Un destello de luna iluminó su cara cuando le respondí directo: No lo sientas tanto. Me estoy acostumbrando...me estoy acostumbrando.
Quizá eso explique porqué no siento dolor.
jueves, julio 26, 2007
SPHINX

Mientras que confundidas nuestras sombras en una,
vamos, bajo el doliente amparo de la luna,
por aquellos parajes donde tu alma y la mía
han llorado sus duelos en noble compañía;
mientras en un ambiente de soledad nostálgica
dices "yo soy la amada y tú eres el poeta",
y sientes que buscándose por caminos diversos
revuelan tus suspiros por donde van mis versos,
me clavas fijamente tus pupilas extrañas
y me ofreces en ellas tu espíritu...Te engañas;
mil veces has querido, por esta misma senda,
renovar en tus ojos la espiritual ofrenda;
mil veces en mi seno la pavorosa duda
interrogó; mil veces la esfinge quedó muda.
El alma, sola, tenebrosa y ambigua,
se esconde y se escabulle; es como un arca antigua
forjada en los talleres del misterio; quién sabe
en qué lejanos tiempos se ha perdido la llave;
quién sabe a dónde ha ido a parar; en el mundo
nadie aclaró del alma el enigma profundo.
Nuestros cuerpos amantes se fundirán en una
caricia que protege el claror de la luna;
nuestros ojos sedientos se buscarán en vano...
¡Serán siempre un arcano enfrente de otro arcano!
La ingenuidad se esquiva por sendas engañosas
y un antifaz encubre las almas y las cosas.
Yo, como tú, pretendo allegarme a la vida
con un amor sin límites; penetrar la escondida
entraña de los seres; quebrantar el obstáculo
que oculta a nuestros ojos el divino espectáculo
de la verdad augusta...Y es inútil empeño;
siempre estarán distantes la vida y nuestro sueño.
Tus ojos que me besan y tu voz que me nombra
no podrán ofrecerme sino la vana sombra
de un alma que tú misma desconoces; y un día
sabrás que no soy tuyo ni puedes ser mía.
Tras anhelo imposible, nuestras almas errantes
se verán desde lejos como dos caminantes.
En su vaivén eterno, juegan al escondite
las almas de los hombres; y la vida permite
apenas que la luna, en su piedad secreta,
haga de nuestras almas una misma silueta...
vamos, bajo el doliente amparo de la luna,
por aquellos parajes donde tu alma y la mía
han llorado sus duelos en noble compañía;
mientras en un ambiente de soledad nostálgica
dices "yo soy la amada y tú eres el poeta",
y sientes que buscándose por caminos diversos
revuelan tus suspiros por donde van mis versos,
me clavas fijamente tus pupilas extrañas
y me ofreces en ellas tu espíritu...Te engañas;
mil veces has querido, por esta misma senda,
renovar en tus ojos la espiritual ofrenda;
mil veces en mi seno la pavorosa duda
interrogó; mil veces la esfinge quedó muda.
El alma, sola, tenebrosa y ambigua,
se esconde y se escabulle; es como un arca antigua
forjada en los talleres del misterio; quién sabe
en qué lejanos tiempos se ha perdido la llave;
quién sabe a dónde ha ido a parar; en el mundo
nadie aclaró del alma el enigma profundo.
Nuestros cuerpos amantes se fundirán en una
caricia que protege el claror de la luna;
nuestros ojos sedientos se buscarán en vano...
¡Serán siempre un arcano enfrente de otro arcano!
La ingenuidad se esquiva por sendas engañosas
y un antifaz encubre las almas y las cosas.
Yo, como tú, pretendo allegarme a la vida
con un amor sin límites; penetrar la escondida
entraña de los seres; quebrantar el obstáculo
que oculta a nuestros ojos el divino espectáculo
de la verdad augusta...Y es inútil empeño;
siempre estarán distantes la vida y nuestro sueño.
Tus ojos que me besan y tu voz que me nombra
no podrán ofrecerme sino la vana sombra
de un alma que tú misma desconoces; y un día
sabrás que no soy tuyo ni puedes ser mía.
Tras anhelo imposible, nuestras almas errantes
se verán desde lejos como dos caminantes.
En su vaivén eterno, juegan al escondite
las almas de los hombres; y la vida permite
apenas que la luna, en su piedad secreta,
haga de nuestras almas una misma silueta...
miércoles, julio 18, 2007
EL ESPIA

Para PK
El silencio
me sigue los pasos
y embota los ecos...
Atisba desde los armarios
entreabiertos;
se acurruca, se esconde y me espía
desde los rincones de mis aposentos.
Es sombra del ruido:
si éste cae a plomo sobre mi cerebro,
se refugia el silencio debajo
de mis pies trémulos.
Él quisiera acallar el tumulto
de mi corazón en el lecho,
cuando los insomnios y las pesadillas
no paran en su bailoteo;
y como no puede,
se queda contento
con hacer más largas las pausas
del corazón terco
y sumar latido a latido
-cada vez más sordos, más lentos-
auscultando el cuadrante fosfóreo
del reloj del tiempo...
Hasta que algún día la cuenta se embrolle
y se acabe el cuento.
El silencio
me sigue los pasos
y embota los ecos...
Atisba desde los armarios
entreabiertos;
se acurruca, se esconde y me espía
desde los rincones de mis aposentos.
Es sombra del ruido:
si éste cae a plomo sobre mi cerebro,
se refugia el silencio debajo
de mis pies trémulos.
Él quisiera acallar el tumulto
de mi corazón en el lecho,
cuando los insomnios y las pesadillas
no paran en su bailoteo;
y como no puede,
se queda contento
con hacer más largas las pausas
del corazón terco
y sumar latido a latido
-cada vez más sordos, más lentos-
auscultando el cuadrante fosfóreo
del reloj del tiempo...
Hasta que algún día la cuenta se embrolle
y se acabe el cuento.
martes, julio 17, 2007
LUNA MATERNA

Deja caer la noche sus dos alas cansadas,
y tú, corazón mío, tiemblas y te arrebujas
cual niño que en su lecho de cortinas cerradas
pávidamente sueña con relatos de brujas.
Eres niñez insomne en cuna de tinieblas.
Preludia tu garganta el angustioso grito
que no sonará nunca, y tu vida repueblas
con los viejos pavores de un misterio infinito.
El toldo de la noche se perfora con una
ráfaga repentina...Pálida e ilusoria,
a tu sueño de espantos se ha asomado la luna
como una buena madre,con una palmatoria
en la mano, que aparta los velos de la cuna.
y tú, corazón mío, tiemblas y te arrebujas
cual niño que en su lecho de cortinas cerradas
pávidamente sueña con relatos de brujas.
Eres niñez insomne en cuna de tinieblas.
Preludia tu garganta el angustioso grito
que no sonará nunca, y tu vida repueblas
con los viejos pavores de un misterio infinito.
El toldo de la noche se perfora con una
ráfaga repentina...Pálida e ilusoria,
a tu sueño de espantos se ha asomado la luna
como una buena madre,con una palmatoria
en la mano, que aparta los velos de la cuna.
sábado, julio 14, 2007
MENSAJE ANDINO

Para Jeni
Sobre la cordillera
pasa el temblor de un ala mensajera...
Dentro del pecho sollozante dura
la materna visión que se depura;
el ansia crece y el amor se inflama,
y en el prócer milagro de la altura
el deseo se enciende voraz como una llama.
Sobre la cordillera
el sol de mis montañas reverbera...
Hay dos picos hermanos
el el azul enhiestos y lejanos,
allá en el valle que dejé prendida
la mitad de mi ser con la partida...
Las andinas vislumbres
me parecen reflejos de aquellas nobles cumbres,
y en la memoria santa
de familiares cimas, el alma vuela y canta.
Sobre la cordillera
hay una resonancia lastimera...
Montañas que supisteis, en las trágicas horas,
como las cumbres mías, de sangrientas auroras;
que juntasteis en un proceloso destino
el giro de los cóndores con el vuelo aquilino:
erguios y mostradme en los claros espejos
de nieve mis volcanes, que han quedado tan lejos.
Cámbiense vuestras frondas en piadoso ventalle
que me brinde perfumes de mis brisas del valle...
O ved hacia mi costa que dora el reverbero
del sol, la de crepúsculos de grana y amatista
en que el maizal greñudo crece a la simple vista
mientras se orea el llanto del último aguacero.
La de los secos cauces cruzados a pie enjuto
y que la lluvia trueca en ríos bullidores
cuya corriente esparce repentinos frescores
donde imperó el bochorno como rey absoluto...
¡Oh mis montes azules que divisan dos mares!
¡Oh mis tardes costeñas y mis viejos palmares!...
Al formidable grito
del corazón responde un silencio infinito;
mas en la cordillera
pasa el temblor de un ala mensajera.
Sobre la cordillera
pasa el temblor de un ala mensajera...
Dentro del pecho sollozante dura
la materna visión que se depura;
el ansia crece y el amor se inflama,
y en el prócer milagro de la altura
el deseo se enciende voraz como una llama.
Sobre la cordillera
el sol de mis montañas reverbera...
Hay dos picos hermanos
el el azul enhiestos y lejanos,
allá en el valle que dejé prendida
la mitad de mi ser con la partida...
Las andinas vislumbres
me parecen reflejos de aquellas nobles cumbres,
y en la memoria santa
de familiares cimas, el alma vuela y canta.
Sobre la cordillera
hay una resonancia lastimera...
Montañas que supisteis, en las trágicas horas,
como las cumbres mías, de sangrientas auroras;
que juntasteis en un proceloso destino
el giro de los cóndores con el vuelo aquilino:
erguios y mostradme en los claros espejos
de nieve mis volcanes, que han quedado tan lejos.
Cámbiense vuestras frondas en piadoso ventalle
que me brinde perfumes de mis brisas del valle...
O ved hacia mi costa que dora el reverbero
del sol, la de crepúsculos de grana y amatista
en que el maizal greñudo crece a la simple vista
mientras se orea el llanto del último aguacero.
La de los secos cauces cruzados a pie enjuto
y que la lluvia trueca en ríos bullidores
cuya corriente esparce repentinos frescores
donde imperó el bochorno como rey absoluto...
¡Oh mis montes azules que divisan dos mares!
¡Oh mis tardes costeñas y mis viejos palmares!...
Al formidable grito
del corazón responde un silencio infinito;
mas en la cordillera
pasa el temblor de un ala mensajera.
martes, julio 10, 2007
CONTIGO
A Nico, con una gota de miel...hasta Chile
Ella ronda nuestro entorno desde que somos concebidos, dije a un amigo, a dos amigos, a tres amigos afligidos por una gran pérdida. Mis palabras quizá sonaron huecas, lejanas, pero es que en mi país, aunque nos duela, aunque sintamos morir con quien ha muerto, a la vez nos reímos, nos burlamos de la huesuda, de la parca, porque así tal vez el infinito dolor se haga menos hondo.
A mi, como en otras ocasiones les he dicho, me ha coqueteado y lo sigue haciendo cada vez que quiere. De hecho, aún no sé porqué no me ha llevado. Escabullirme no es posible, aunque lo he pensado muchísimas veces. Hace tiempo, cuando el avión en el que viajaba sufrió un espantoso accidente donde perecieron decenas, yo no sé cómo seguí con vida, sin un rasguño. O esa otra, en la que el automovil voló hacia el precipicio. Yo conducía. Pero no quiero hablar de mi, sino de ti.
Estando tú y yo tan lejos, -medio continente nos separa-, ayer y hoy me he sentido tan cerca de ti. Tu dolor, reflejado en mis pupilas ignoro porqué tan profundamente, me ha llevado a dejar con el alma indelebles en mi blog estas líneas que quieren ser en la tormenta, asidero, puente, mano que tiendo con suavidad hacia el que llora, llevando un pañuelo blanco para recoger una a una tantas lágrimas vertidas con amor por quien se ha ido, y hacer con ellas un recuerdo imborrable que refleje siempre su presencia.
Tu llanto me ha recordado al mío y es así que me explico tal sentimiento hacia quien no conozco sino por sus letras, cuando habló de mi casa con tanto afecto y alegría como para llevarle luz y un viento fresco.
Entonces, tu llanto se ha confundido con el mío. Acaso mi pileta, ¿la recuerdas?, podrá llenarse ahora de flores con él, y no sólo de moho. Porque en verdad te digo que tus lágrimas no han caído al vacío. Significan para ella, Irenita, un homenaje de amor, de ternura, de agradecimiento, de admiración y de inolvidable paso junto a ti.
Déjala ir. Déjala caminar en paz por el sendero de álamos que todos habremos de recorrer y, llegado el reencuentro, tu alma se llenará de un gozo indescriptible que hoy no alcanzas a vislumbrar.
Tu llanto y el mío se han fundido. No sé porqué...ha sido así. Me siento tan cerca que casi puedo sentirte. Algún día quizá pueda explicarlo. Pero estoy ahí, contigo, en la distancia.
Al señalar con el índice el horizonte, mi corazón ha podido tocar el tuyo por un instante, y desde mi atalaya doy un paso hasta alcanzarte con un abrazo largo; tan largo que en mi regazo puedes quedarte si eso te reconforta.
De algún modo, ella ha entrado a mi casa. Me ha mostrado el camino hasta ti. Es por eso que estoy ahí. Pondré, lo prometo, un nomeolvides recién cortado en lo alto de mi chimenea en su honor y aguardaré el momento en que me digas que has vuelto a sonreír...
Ella ronda nuestro entorno desde que somos concebidos, dije a un amigo, a dos amigos, a tres amigos afligidos por una gran pérdida. Mis palabras quizá sonaron huecas, lejanas, pero es que en mi país, aunque nos duela, aunque sintamos morir con quien ha muerto, a la vez nos reímos, nos burlamos de la huesuda, de la parca, porque así tal vez el infinito dolor se haga menos hondo.
A mi, como en otras ocasiones les he dicho, me ha coqueteado y lo sigue haciendo cada vez que quiere. De hecho, aún no sé porqué no me ha llevado. Escabullirme no es posible, aunque lo he pensado muchísimas veces. Hace tiempo, cuando el avión en el que viajaba sufrió un espantoso accidente donde perecieron decenas, yo no sé cómo seguí con vida, sin un rasguño. O esa otra, en la que el automovil voló hacia el precipicio. Yo conducía. Pero no quiero hablar de mi, sino de ti.
Estando tú y yo tan lejos, -medio continente nos separa-, ayer y hoy me he sentido tan cerca de ti. Tu dolor, reflejado en mis pupilas ignoro porqué tan profundamente, me ha llevado a dejar con el alma indelebles en mi blog estas líneas que quieren ser en la tormenta, asidero, puente, mano que tiendo con suavidad hacia el que llora, llevando un pañuelo blanco para recoger una a una tantas lágrimas vertidas con amor por quien se ha ido, y hacer con ellas un recuerdo imborrable que refleje siempre su presencia.
Tu llanto me ha recordado al mío y es así que me explico tal sentimiento hacia quien no conozco sino por sus letras, cuando habló de mi casa con tanto afecto y alegría como para llevarle luz y un viento fresco.
Entonces, tu llanto se ha confundido con el mío. Acaso mi pileta, ¿la recuerdas?, podrá llenarse ahora de flores con él, y no sólo de moho. Porque en verdad te digo que tus lágrimas no han caído al vacío. Significan para ella, Irenita, un homenaje de amor, de ternura, de agradecimiento, de admiración y de inolvidable paso junto a ti.
Déjala ir. Déjala caminar en paz por el sendero de álamos que todos habremos de recorrer y, llegado el reencuentro, tu alma se llenará de un gozo indescriptible que hoy no alcanzas a vislumbrar.
Tu llanto y el mío se han fundido. No sé porqué...ha sido así. Me siento tan cerca que casi puedo sentirte. Algún día quizá pueda explicarlo. Pero estoy ahí, contigo, en la distancia.
Al señalar con el índice el horizonte, mi corazón ha podido tocar el tuyo por un instante, y desde mi atalaya doy un paso hasta alcanzarte con un abrazo largo; tan largo que en mi regazo puedes quedarte si eso te reconforta.
De algún modo, ella ha entrado a mi casa. Me ha mostrado el camino hasta ti. Es por eso que estoy ahí. Pondré, lo prometo, un nomeolvides recién cortado en lo alto de mi chimenea en su honor y aguardaré el momento en que me digas que has vuelto a sonreír...
domingo, julio 08, 2007
EL FARO DE GONZAGA
Porque sí he venido a escribir para ti. Hace tanto tiempo que te busco, que te añoro...y no has aparecido. Ni una señal. Ni un santo y seña capaz de orientar mi barca. Meses ha entre la bruma alcancé por primera vez a divisar la luz del faro, pero enseguida negros nubarrones lo ocultaron y a pesar de mis mensajes no responde. Será éste mi último llamado?...
Lo vi tiempo después por un instante y entre la tormenta intenté orientación. Utilicé todos los instrumentos y mi pobre conocimiento. Fue otra vez inútil pero me he aferrado a una esperanza que por desgracia ya se apaga.
Hoy me pareció verte y reclamo a mi desolación el que juegue tan cruelmente con ese sentimiento, pero a la vez se lo agradezco porque en la aparición renace de nuevo mi deseo por descubrirte. Recorro los confines de ese lugar, doy media vuelta y vuelvo a rodear, hoy, mañana y hasta cuándo?
Y mientras la pequeña e intermitente luz de mi vida siga encendida, créeme, mi barca seguirá esperando el momento en que tú, con esa melena alborotada, tus alpargatas cafés y tu eterna actitud interrogante, la abordes y nos lleve juntos a otro lugar.
Lo vi tiempo después por un instante y entre la tormenta intenté orientación. Utilicé todos los instrumentos y mi pobre conocimiento. Fue otra vez inútil pero me he aferrado a una esperanza que por desgracia ya se apaga.
Hoy me pareció verte y reclamo a mi desolación el que juegue tan cruelmente con ese sentimiento, pero a la vez se lo agradezco porque en la aparición renace de nuevo mi deseo por descubrirte. Recorro los confines de ese lugar, doy media vuelta y vuelvo a rodear, hoy, mañana y hasta cuándo?
Y mientras la pequeña e intermitente luz de mi vida siga encendida, créeme, mi barca seguirá esperando el momento en que tú, con esa melena alborotada, tus alpargatas cafés y tu eterna actitud interrogante, la abordes y nos lleve juntos a otro lugar.
sábado, junio 30, 2007
MI CASA
Para entrar a mi casa debes andar el sendero que lleno de álamos te acompañará hasta aqui. Mi invitación la hice, ¿recuerdas?, hace ya muchas lunas. No esperes sorpresas, ni buenas ni malas. Estoy cansado de ellas. De hecho, estoy cansado de todo.
Si decides venir al mediodía y en verano, una jarra con agua de arándanos te estará esperando. Sé que el camino es largo. Y si fuera en invierno y con el crepúsculo, dejaré mi lámpara encendida por si ya no me encuentras. Si no estuviera, no lo tomes como desatención ni indeferencia. Será tan sólo que salí por algo inevitable y urgente, quizá para no volver.
Mi casa no tiene grandes espacios ni enormes escaleras que comunicaran hacia un sinfín de habitaciones. Es una acogedora y pequeña cabaña junto al mar, que en otoño no sé porqué en lugar de entristecer, sonríe. Las magnolias, las gardenias, los crisantemos y los nomeolvides que sembré entornando la vereda, hacia el acantilado, han sido tan leales y resistentes. Ahí están, vigorosos, firmes. Son como espectadores eternos, -al igual que mi barca, mis rocas y mis comejenes-, de un oleaje incesante que amoroso y a veces no tanto, llega hasta aquí para fundirse con la playa y el risco.
Mi casa está llena de luz, de ventanas. Amo las ventanas. Sus marcos, sus biceles, sus goznes, su chirriar. De entre todas, mi preferida, claro, es la que mira al mar. No es enorme ni graciosa, sino más bien severa y nisiquiera grande, pero ante ella he visto pasar alegrías y tristezas, rostros reales e imaginarios, paisajes turbulentos y pacíficos, momentos de dolor y de llanto y alguno que otro de sonrisas, nunca de carcajadas ni de estridencias, porque la nostalgia y la bruma siempre la rodean. Los pocos que han venido dicen que debería llamarla "aburrida". A mi me parece sensacional así...tal como está. Ella y yo esperamos por quien ha de alegrarla, de darle vida, de darle brillo, pero si no viniera; si jamás transitara mi sendero de álamos, ella y yo nos acompañamos y entendemos, como hasta ahora.
En el jardin hay una pileta. De tanto llorar ha nacido en ella un moho que no puedo ni quiero remover. En mis tardes más tristes, doy la espalda al océano y cambio de paisaje. Vengo a este húmedo y frío jardin para mirar su entorno, lleno de vegetación intrincada y espesa, que me rodea apenas me siento en la pequeña banca de cantera gris.
Sí. Es una casa sencilla, hermosamente solitaria. Siempre lo ha sido y jamás, jamás me ha molestado. Sin embargo, con alguien me hubiera gustado compartirla. Lo he hecho a ratos, pero...son gentes que van y vienen. Al final, cada vez, no han apreciado su belleza ni exterior ni interior. Piensan y sueñan con un mundo que no es éste. Se han ido, muchas para no volver. Prefieren el ruido, el aplauso, las candilejas. Otras, de vez en cuando preguntan si aún existe, pero sólo es una pregunta curiosa, para no dejar.
Yo, cada vez, cierro la puerta y doy los mismos pasos hacia el risco. Miro de nuevo el horizonte y me pregunto si aún habrá tiempo...
Si decides venir al mediodía y en verano, una jarra con agua de arándanos te estará esperando. Sé que el camino es largo. Y si fuera en invierno y con el crepúsculo, dejaré mi lámpara encendida por si ya no me encuentras. Si no estuviera, no lo tomes como desatención ni indeferencia. Será tan sólo que salí por algo inevitable y urgente, quizá para no volver.
Mi casa no tiene grandes espacios ni enormes escaleras que comunicaran hacia un sinfín de habitaciones. Es una acogedora y pequeña cabaña junto al mar, que en otoño no sé porqué en lugar de entristecer, sonríe. Las magnolias, las gardenias, los crisantemos y los nomeolvides que sembré entornando la vereda, hacia el acantilado, han sido tan leales y resistentes. Ahí están, vigorosos, firmes. Son como espectadores eternos, -al igual que mi barca, mis rocas y mis comejenes-, de un oleaje incesante que amoroso y a veces no tanto, llega hasta aquí para fundirse con la playa y el risco.
Mi casa está llena de luz, de ventanas. Amo las ventanas. Sus marcos, sus biceles, sus goznes, su chirriar. De entre todas, mi preferida, claro, es la que mira al mar. No es enorme ni graciosa, sino más bien severa y nisiquiera grande, pero ante ella he visto pasar alegrías y tristezas, rostros reales e imaginarios, paisajes turbulentos y pacíficos, momentos de dolor y de llanto y alguno que otro de sonrisas, nunca de carcajadas ni de estridencias, porque la nostalgia y la bruma siempre la rodean. Los pocos que han venido dicen que debería llamarla "aburrida". A mi me parece sensacional así...tal como está. Ella y yo esperamos por quien ha de alegrarla, de darle vida, de darle brillo, pero si no viniera; si jamás transitara mi sendero de álamos, ella y yo nos acompañamos y entendemos, como hasta ahora.
En el jardin hay una pileta. De tanto llorar ha nacido en ella un moho que no puedo ni quiero remover. En mis tardes más tristes, doy la espalda al océano y cambio de paisaje. Vengo a este húmedo y frío jardin para mirar su entorno, lleno de vegetación intrincada y espesa, que me rodea apenas me siento en la pequeña banca de cantera gris.
Sí. Es una casa sencilla, hermosamente solitaria. Siempre lo ha sido y jamás, jamás me ha molestado. Sin embargo, con alguien me hubiera gustado compartirla. Lo he hecho a ratos, pero...son gentes que van y vienen. Al final, cada vez, no han apreciado su belleza ni exterior ni interior. Piensan y sueñan con un mundo que no es éste. Se han ido, muchas para no volver. Prefieren el ruido, el aplauso, las candilejas. Otras, de vez en cuando preguntan si aún existe, pero sólo es una pregunta curiosa, para no dejar.
Yo, cada vez, cierro la puerta y doy los mismos pasos hacia el risco. Miro de nuevo el horizonte y me pregunto si aún habrá tiempo...
domingo, junio 24, 2007
MADAGASCAR
Adoro ese parque en Madagascar. Los niños que han llegado desde el continente, llorosos y hambrientos, huérfanos, encuentran en él algo más que solaz. No escuchan el tableteo de las metralletas ni observan cómo mueren otros niños. Cada vez van dejando atrás el miedo y la angustia. Sin embargo, me asaltan un millón de dudas. Una en especial: Lograrán ser adultos?...y si eso es así...qué tipo de adultos serán?
Planeaba estar en la isla por dos meses que se hicieron seis. De ellos, cuatro los dediqué a apoyar los desembarcos. Pasábamos 12 0 13 horas destinadas a la atención de aquellos pequeños, quienes llegaban total y brutalmente maltratados, humillados. En toda mi vida recuerdo haber visto y sentido algo más aterrador. El trabajo que deberá hacerse para rescatar sus mentes será aún más difícil, casi imposible. De hecho, aunque el esfuerzo, el profesionalismo y hasta el amor de muchos que yo llamo "soldados para la vida", es inmenso, nunca será bastante.
Los otros dos me fui a tratar de sanar mis propias heridas viajando por todo el país. El esmeralda extraordinario de la isla malgache, sus interminables y bellísimas playas lo mismo en el Índico que en el paso hacia África, y me detuve un poco más en el norte. Tenía que llorar. Tenía que gritar a solas mi desesperación por la interminable matanza de unos contra otros. Cuándo, dónde, porqué nos olvidamos de que somos hermanos?...
Y fue entonces que al caminar descalzo en una de aquellas playas...volví a darme cuenta de que yo no era sino uno más entre todos esos granos de arena...
Planeaba estar en la isla por dos meses que se hicieron seis. De ellos, cuatro los dediqué a apoyar los desembarcos. Pasábamos 12 0 13 horas destinadas a la atención de aquellos pequeños, quienes llegaban total y brutalmente maltratados, humillados. En toda mi vida recuerdo haber visto y sentido algo más aterrador. El trabajo que deberá hacerse para rescatar sus mentes será aún más difícil, casi imposible. De hecho, aunque el esfuerzo, el profesionalismo y hasta el amor de muchos que yo llamo "soldados para la vida", es inmenso, nunca será bastante.
Los otros dos me fui a tratar de sanar mis propias heridas viajando por todo el país. El esmeralda extraordinario de la isla malgache, sus interminables y bellísimas playas lo mismo en el Índico que en el paso hacia África, y me detuve un poco más en el norte. Tenía que llorar. Tenía que gritar a solas mi desesperación por la interminable matanza de unos contra otros. Cuándo, dónde, porqué nos olvidamos de que somos hermanos?...
Y fue entonces que al caminar descalzo en una de aquellas playas...volví a darme cuenta de que yo no era sino uno más entre todos esos granos de arena...
jueves, junio 21, 2007
EL CORAL
Como la marea se retira de la playa,
suave, imperceptiblemente,
así, sin sentirlo, me iré de ti
sin dejar huella ni sentimiento...
y cuando al anochecer te inspire
mi recuerdo, asoma a la ventana,
escucharás rodar las arenas
en pos del mar...
la brisa, como un murmullo, como
un susurro, acariciara
tus labios otra vez, amor mío,
y sabrás que estoy pensando en ti.
Mas si el deseo transformara
tu nostalgia en pasión,
besa el coral que aquel día te regalé...
y mi húmeda presencia volverás a vivir.
suave, imperceptiblemente,
así, sin sentirlo, me iré de ti
sin dejar huella ni sentimiento...
y cuando al anochecer te inspire
mi recuerdo, asoma a la ventana,
escucharás rodar las arenas
en pos del mar...
la brisa, como un murmullo, como
un susurro, acariciara
tus labios otra vez, amor mío,
y sabrás que estoy pensando en ti.
Mas si el deseo transformara
tu nostalgia en pasión,
besa el coral que aquel día te regalé...
y mi húmeda presencia volverás a vivir.
martes, junio 19, 2007
PARADIS
Mirábamos la lejanía cuando, señalando con el índice, me preguntó: ¿el paraíso y el mar se unen allá?...
Antes de responder, observé detenidamente cómo el viento hacía volar su pelo y la blusa, inmaculadamente blanca, como bandera de esperanza. Era su sonrisa perfecta y los ojos, los ojos parecían un auténtico reflejo del azul purísimo que yo adivinaba. Junto a ese risco y el amanecer que nos envolvía, me detuve unos instantes que quise inolvidables para tomar su mano, volver mi vista también hacia aquella indescifrable distancia y dije: "el paraíso y el mar han nacido al mismo tiempo y se unen desde siempre en todas partes. No podríamos, aunque quisiéramos, abarcar ni con la mirada ni con el pensamiento ni con el corazón lo que han sido y significan para cada uno, para ti o para mi".
Volvió el rostro y su mirada viajó sin reticencias ni dudas hasta mis pupilas. Se detuvo por unos segundos y entonces agregué: "pero el paraíso más hermoso que yo he conocido, el que ha invadido a mi espíritu de paz y de quietud, de ilusión y de alegría, está en ti, en tus ojos. No sólo por su hermoso azul, sino sobre todo porque reflejan la bondad de tu alma, la transparencia de tu ser, la enorme e increible faz de tu inocencia. Este cielo se une con aquel y luego con el mar formando un universo que quisiera sólo para mi, pero...sé que es otra de mis quimeras, lo sé...". Iba a seguir cuando en un gesto de delicadeza inesperado, suavemente se acercó y con dulzura sus labios me lo impidieron. En ese momento y sólo en ese momento, comprendí que en verdad había empezado a sentir el paraíso.
Enmudecido y con toda la emoción de aquel momento único, hundí mis dedos entre su cabellera, nos fundimos en un abrazo y luego, de nuevo puesta la mirada en el infinito, dimos juntos sin miedo el paso hacia donde su índice había apuntado. Jamás, jamás sentí tanta calma ni convicción. Nunca tanto amor. Aquella mirada y un beso, bastaron para emprender el camino..
Antes de responder, observé detenidamente cómo el viento hacía volar su pelo y la blusa, inmaculadamente blanca, como bandera de esperanza. Era su sonrisa perfecta y los ojos, los ojos parecían un auténtico reflejo del azul purísimo que yo adivinaba. Junto a ese risco y el amanecer que nos envolvía, me detuve unos instantes que quise inolvidables para tomar su mano, volver mi vista también hacia aquella indescifrable distancia y dije: "el paraíso y el mar han nacido al mismo tiempo y se unen desde siempre en todas partes. No podríamos, aunque quisiéramos, abarcar ni con la mirada ni con el pensamiento ni con el corazón lo que han sido y significan para cada uno, para ti o para mi".
Volvió el rostro y su mirada viajó sin reticencias ni dudas hasta mis pupilas. Se detuvo por unos segundos y entonces agregué: "pero el paraíso más hermoso que yo he conocido, el que ha invadido a mi espíritu de paz y de quietud, de ilusión y de alegría, está en ti, en tus ojos. No sólo por su hermoso azul, sino sobre todo porque reflejan la bondad de tu alma, la transparencia de tu ser, la enorme e increible faz de tu inocencia. Este cielo se une con aquel y luego con el mar formando un universo que quisiera sólo para mi, pero...sé que es otra de mis quimeras, lo sé...". Iba a seguir cuando en un gesto de delicadeza inesperado, suavemente se acercó y con dulzura sus labios me lo impidieron. En ese momento y sólo en ese momento, comprendí que en verdad había empezado a sentir el paraíso.
Enmudecido y con toda la emoción de aquel momento único, hundí mis dedos entre su cabellera, nos fundimos en un abrazo y luego, de nuevo puesta la mirada en el infinito, dimos juntos sin miedo el paso hacia donde su índice había apuntado. Jamás, jamás sentí tanta calma ni convicción. Nunca tanto amor. Aquella mirada y un beso, bastaron para emprender el camino..
domingo, junio 17, 2007
TE QUIERO
Como sea, te quiero...
sin largas meditaciones ni
filosofías. Sin explicaciones,
sin pretextos.
Te quiero porque...no lo sé,
simplemente te quiero...aunque
el mundo salga de su eje y el mío
termine destrozado.
Te quiero al anochecer, cuando
sólo las luciérnagas iluminan
mi vida, cuando...
todo queda en silencio.
Te quiero al amanecer, si el mar
brama, o besa las arenas.
Te quiero así, mansamente o
con locura...te quiero.
Y si algún día sientes que
no te quiero...es porque eso
quiero...pensar que no te quiero,
y morir...
sin largas meditaciones ni
filosofías. Sin explicaciones,
sin pretextos.
Te quiero porque...no lo sé,
simplemente te quiero...aunque
el mundo salga de su eje y el mío
termine destrozado.
Te quiero al anochecer, cuando
sólo las luciérnagas iluminan
mi vida, cuando...
todo queda en silencio.
Te quiero al amanecer, si el mar
brama, o besa las arenas.
Te quiero así, mansamente o
con locura...te quiero.
Y si algún día sientes que
no te quiero...es porque eso
quiero...pensar que no te quiero,
y morir...
martes, junio 12, 2007
Y AHORA?
Había sido una parranda de antología. Creo que pasaron no sé si tres días y tres noches. Recién despertaba y esa no era mi habitación, ni mi casa, ni mi ambiente, ni recordaba a la gente que ahí aún dormía. Con dificultad me incorporé y sólo entonces me percaté de que me encontraba desnudo, así que envuelto en una sábana intenté reconocer algo o a alguien. Era un cuarto inmenso, como un salón, amoblado con buen gusto aunque demasiado cargado de colores y de objetos. Sillas bajas, chez longes, echaderos, mesas al ras, todo ocupado por hombres y mujeres en los que al igual que en mi, se reflejaban los estragos del día anterior...del día anterior.
Desde un rincón, aposentado en una media cama y mirando todo aquel grotesco escenario, encendí un cigarrillo e hice un esfuerzo para intentar recordar cómo y porqué llegué hasta aquí.
Sí. Entré a ese antro cerca de la medianoche. Había un ambiente electrizante e intenso. Los cuerpos chocaban entre sí sin orden ni forma, sudorosos, jadeantes, ansiosos. De inmediato una mano me jaló y estaba ya revuelto entre todos. Alguien me ofreció una copa de no sé qué y me dejé llevar durante un par de horas bailando con no sé quiénes. Exhausto, me acerqué a la barra. Todo daba vueltas frenéticamente y la música no paraba un minuto. La adrenalina empezaba a hacer su efecto. Las miradas, las sonrisas, las señales, los intercambios, los roces se sucedían a cada instante. Aquello era orgiástico. Pedí una cerveza o algo que apagara la sensación de sequedad increible que me dominaba y entonces alguien vino. Estaba tan cerca que las gotas de su sudor caían como filoso acero en mi brazo. "¿Qué onda...no te había visto por aquí. Tu primera vez?"...Le miré directamente a los ojos y ni parpadeó. Su gesto, fingidamente amable y terso, reflejaba interés más allá de lo reconocible por mi. "Sí. Primera vez", respondí en tono cortante. Se acercó aún más y me rozó con un aliento fuertemente alcoholizado. Yo retrocedí instintivamente. "¿Quieres algo más?"...
Solté una bocanada de humo en su rostro y le pareció divertido. "¿Cómo qué?"...
"Nada del otro mundo-agregó, tocando mi mano con suavidad-. Una fiesta. Te invito al "after party". Será en casa de unos amigos...Quisiera que vinieras"...Su insinuación era tan natural, como si lo hiciera todos los días o fuese parte de su personalidad y de su montaje.
"¿Bailas?", dije ya preparándome para que me siguiera y de inmediato nos encontrábamos en un nuevo frenesí enloquecedor en el que nada oía excepto la ensordecedora música electrónica que, al máximo volumen, nos iba transportando a no sé cuáles estadíos espirituales.
De pronto, me tomó de la mano y me llevó a un apartado. Aturdido y sin esperarlo me besó largamente. Me sentí dominado, poseído, subyugado. "Entonces...¿vienes?"
Desde un rincón, aposentado en una media cama y mirando todo aquel grotesco escenario, encendí un cigarrillo e hice un esfuerzo para intentar recordar cómo y porqué llegué hasta aquí.
Sí. Entré a ese antro cerca de la medianoche. Había un ambiente electrizante e intenso. Los cuerpos chocaban entre sí sin orden ni forma, sudorosos, jadeantes, ansiosos. De inmediato una mano me jaló y estaba ya revuelto entre todos. Alguien me ofreció una copa de no sé qué y me dejé llevar durante un par de horas bailando con no sé quiénes. Exhausto, me acerqué a la barra. Todo daba vueltas frenéticamente y la música no paraba un minuto. La adrenalina empezaba a hacer su efecto. Las miradas, las sonrisas, las señales, los intercambios, los roces se sucedían a cada instante. Aquello era orgiástico. Pedí una cerveza o algo que apagara la sensación de sequedad increible que me dominaba y entonces alguien vino. Estaba tan cerca que las gotas de su sudor caían como filoso acero en mi brazo. "¿Qué onda...no te había visto por aquí. Tu primera vez?"...Le miré directamente a los ojos y ni parpadeó. Su gesto, fingidamente amable y terso, reflejaba interés más allá de lo reconocible por mi. "Sí. Primera vez", respondí en tono cortante. Se acercó aún más y me rozó con un aliento fuertemente alcoholizado. Yo retrocedí instintivamente. "¿Quieres algo más?"...
Solté una bocanada de humo en su rostro y le pareció divertido. "¿Cómo qué?"...
"Nada del otro mundo-agregó, tocando mi mano con suavidad-. Una fiesta. Te invito al "after party". Será en casa de unos amigos...Quisiera que vinieras"...Su insinuación era tan natural, como si lo hiciera todos los días o fuese parte de su personalidad y de su montaje.
"¿Bailas?", dije ya preparándome para que me siguiera y de inmediato nos encontrábamos en un nuevo frenesí enloquecedor en el que nada oía excepto la ensordecedora música electrónica que, al máximo volumen, nos iba transportando a no sé cuáles estadíos espirituales.
De pronto, me tomó de la mano y me llevó a un apartado. Aturdido y sin esperarlo me besó largamente. Me sentí dominado, poseído, subyugado. "Entonces...¿vienes?"
sábado, junio 09, 2007
FUGAZ
Como una estrella que recorre el firmamento
en un instante, sólo en uno,
iluminaste mi sendero, dos segundos,
dos pasos, dos, sólo dos.
Hubiera querido contagiarte mis emociones,
mis deseos, mis sentimientos que
huracanados se agolparon
ante ti.
Fugaz, un relámpago recorrió mi alma
por todos sus espacios, y mi cuerpo quedó
colgando de otro astro en espera
de algo, de alguien, que no acierto aún a concebir.
Realmente has sido tú?...o acaso de nuevo mis
nostalgias juegan conmigo?. Si tú...no vuelvas
a importunar mi vida. Si mis nostalgias...déjalas,
ya llegará la manera de reencontrarme con ellas.
en un instante, sólo en uno,
iluminaste mi sendero, dos segundos,
dos pasos, dos, sólo dos.
Hubiera querido contagiarte mis emociones,
mis deseos, mis sentimientos que
huracanados se agolparon
ante ti.
Fugaz, un relámpago recorrió mi alma
por todos sus espacios, y mi cuerpo quedó
colgando de otro astro en espera
de algo, de alguien, que no acierto aún a concebir.
Realmente has sido tú?...o acaso de nuevo mis
nostalgias juegan conmigo?. Si tú...no vuelvas
a importunar mi vida. Si mis nostalgias...déjalas,
ya llegará la manera de reencontrarme con ellas.
miércoles, junio 06, 2007
ME GUSTARÍA QUE SUPIERAS
Quiero hablarte, amor mío.
Me gustaría que supieras...
Esta tarde las palabras me nacen transparentes
como del fondo de una fuente mística,
y juegan con tu nombre,
impulsando su barco de cristal
a través de una nube.
Sólo el júbilo habla.
Mi corazón ungido de amargura
y de antiguo dolor, quedó dormido
en su tierra sombría.
Rocas adversas lo aprisionan,
la ausencia lo encarcela,
y no puede vivir desde que el tiempo
sin ti lo tiene oscurecido.
Mi corazón hoy duerme, pero
lo arrulla tu canción amorosa
como a un niño cansado,
y sueña...
Dulcícimos delfines lo conducen a tu lago tranquilo.
No sé cómo has podido
transformar su morado violento
en un rojo purísimo,
y rescatarlo de su agonía reciente
por túnel de luz abierto a la esperanza.
Sale de la tiniebla y el resplandor lo ciega.
Deja que se acostumbre a tu estancia traslúcida.
Era el abismo sordo... y lo habitas de música.
Duele de pronto la armonía,
como en la fiebre un vaso de frescura.
Quiero hablarte, amor mío,
con una voz tan inocente, que de nuevo
aprenda a deletrear todo lo bello.
Abro los ojos como si estrenara
los colores, las aves, la fiesta de la tierra.
No quiero oír otra palabra
sino aquella que de tu boca sale
y llega a mí, cantándome, lavándome
de un idioma confuso.
Ahora puedo decirte el nombre de las cosas
y su milagro cierto,
porque de todas ellas a tu alma hay un paso.
Si la lluvia me moja, sólo pienso en tus ojos
y en su espejo dolido;
si un temblor me sacude,
es que viajan tus manos por mis hombros despiertos.
Cada hora el mensaje de tu voz me sorprende
y no sé si camino o eres tú quien me lleva.
Desde su oscuro limbo
esperaban mis labios tu dulce llegada,
porque eras siempre como un anhelo,
no visto aún, tan sólo presentido.
Me dolieron los párpados al verte,
como ventanas que abren a la vida
y el sol las enciende.
Entré a tu valle de alegría
con pasos torpes y secreta angustia,
y en ese instante comenzó el prodigio.
Jamás plantas resecas
bebieron tanta savia de ternura.
¡Qué aprendizaje de jazmín pequeño!
¡Qué arenas transformadas
en tibio césped de reposo y sueño!
¡Que mundo has inventado en mi final!
¡Que bálsamo milagroso resucita mi alma,
para sentirme de nuevo enamorado!
Ya no temo la muerte, ni el tiempo, ni la sombra.
Vivo como un coral en su bosque impenetrable,
refugiado en la entraña de tu océano, amor mío.
Navego hacia tu pecho con alas submarinas,
en grácil vela de oleaje y espuma,
y anclo en tu corazón, puerto y destino.
Me gustaría que supieras...
Esta tarde las palabras me nacen transparentes
como del fondo de una fuente mística,
y juegan con tu nombre,
impulsando su barco de cristal
a través de una nube.
Sólo el júbilo habla.
Mi corazón ungido de amargura
y de antiguo dolor, quedó dormido
en su tierra sombría.
Rocas adversas lo aprisionan,
la ausencia lo encarcela,
y no puede vivir desde que el tiempo
sin ti lo tiene oscurecido.
Mi corazón hoy duerme, pero
lo arrulla tu canción amorosa
como a un niño cansado,
y sueña...
Dulcícimos delfines lo conducen a tu lago tranquilo.
No sé cómo has podido
transformar su morado violento
en un rojo purísimo,
y rescatarlo de su agonía reciente
por túnel de luz abierto a la esperanza.
Sale de la tiniebla y el resplandor lo ciega.
Deja que se acostumbre a tu estancia traslúcida.
Era el abismo sordo... y lo habitas de música.
Duele de pronto la armonía,
como en la fiebre un vaso de frescura.
Quiero hablarte, amor mío,
con una voz tan inocente, que de nuevo
aprenda a deletrear todo lo bello.
Abro los ojos como si estrenara
los colores, las aves, la fiesta de la tierra.
No quiero oír otra palabra
sino aquella que de tu boca sale
y llega a mí, cantándome, lavándome
de un idioma confuso.
Ahora puedo decirte el nombre de las cosas
y su milagro cierto,
porque de todas ellas a tu alma hay un paso.
Si la lluvia me moja, sólo pienso en tus ojos
y en su espejo dolido;
si un temblor me sacude,
es que viajan tus manos por mis hombros despiertos.
Cada hora el mensaje de tu voz me sorprende
y no sé si camino o eres tú quien me lleva.
Desde su oscuro limbo
esperaban mis labios tu dulce llegada,
porque eras siempre como un anhelo,
no visto aún, tan sólo presentido.
Me dolieron los párpados al verte,
como ventanas que abren a la vida
y el sol las enciende.
Entré a tu valle de alegría
con pasos torpes y secreta angustia,
y en ese instante comenzó el prodigio.
Jamás plantas resecas
bebieron tanta savia de ternura.
¡Qué aprendizaje de jazmín pequeño!
¡Qué arenas transformadas
en tibio césped de reposo y sueño!
¡Que mundo has inventado en mi final!
¡Que bálsamo milagroso resucita mi alma,
para sentirme de nuevo enamorado!
Ya no temo la muerte, ni el tiempo, ni la sombra.
Vivo como un coral en su bosque impenetrable,
refugiado en la entraña de tu océano, amor mío.
Navego hacia tu pecho con alas submarinas,
en grácil vela de oleaje y espuma,
y anclo en tu corazón, puerto y destino.
martes, junio 05, 2007
NECESITO ENCONTRARTE
Necesito encontrarte
a ti, que apenas me conoces;
porque, ¿sabes?, en tardes como ésta,
en noches como ésta,
el alma se rebela, se escapa,
quiere alcanzar un sueño,
su frágil, leve sueño
y entonces...¡Qué solos nos quedamos!,
y ya no es posible estarnos quietos, agónicos, callados,
con el peso de toda la ternura
llenándonos los poros, la soledad, la muerte.
Sí, verdaderamente te amo,
a ti, que eres la síntesis
de las briznas que la emoción convoca;
a ti te escribo,
a ti que eres el aliciente
de la absurda embriaguez de mi poesía.
No importa que esta carta de amor,
se desintegre,
que no llegue jamás a tu ribera,
que vivas muchos años
sin saber que una magia inesperada,
me hizo vibrar con tu presencia efímera,
con tu estela de sueño inexistente.
En verdad, no te amo.
Pero un aire de ti, llegó a mis hombros
con tempestad de espinas,
desgajó la epidermis y los huesos
y surgió de la herida inevitable
el secreto caudal aprisionado,
que a la orilla del mundo se desborda,
lo inunda, lo avasalla
y aparece total, maravilloso
al estreno radiante de mi sorpresa.
Pero ya no te escribo.
Se disuelven de pronto las palabras
en la luz que me habita.
Eres sólo el pretexto
que dio a mi corazón su fuego antiguo,
y de nuevo en la noche de mi angustia
tiembla como una estrella la poesía...
a ti, que apenas me conoces;
porque, ¿sabes?, en tardes como ésta,
en noches como ésta,
el alma se rebela, se escapa,
quiere alcanzar un sueño,
su frágil, leve sueño
y entonces...¡Qué solos nos quedamos!,
y ya no es posible estarnos quietos, agónicos, callados,
con el peso de toda la ternura
llenándonos los poros, la soledad, la muerte.
Sí, verdaderamente te amo,
a ti, que eres la síntesis
de las briznas que la emoción convoca;
a ti te escribo,
a ti que eres el aliciente
de la absurda embriaguez de mi poesía.
No importa que esta carta de amor,
se desintegre,
que no llegue jamás a tu ribera,
que vivas muchos años
sin saber que una magia inesperada,
me hizo vibrar con tu presencia efímera,
con tu estela de sueño inexistente.
En verdad, no te amo.
Pero un aire de ti, llegó a mis hombros
con tempestad de espinas,
desgajó la epidermis y los huesos
y surgió de la herida inevitable
el secreto caudal aprisionado,
que a la orilla del mundo se desborda,
lo inunda, lo avasalla
y aparece total, maravilloso
al estreno radiante de mi sorpresa.
Pero ya no te escribo.
Se disuelven de pronto las palabras
en la luz que me habita.
Eres sólo el pretexto
que dio a mi corazón su fuego antiguo,
y de nuevo en la noche de mi angustia
tiembla como una estrella la poesía...
lunes, junio 04, 2007
TE EXTRAÑO TANTO

¡Te extraño tanto!...
Un día me dijiste simplemente: "Te amo".
Y te miré a los ojos
y solté las amarras de mi barca
y navegué en tu océano.
Mi arena
se transformó en espuma viajera y sorprendida;
y descubrí contigo
islas inconquistadas,
jóvenes y desconocidos territorios,
donde inventó el amor su paraíso.
Yo sé que en algún sitio de la tierra,
esta brisa que ahora me estremece
de pálida nostalgia,
ha de rozar tu frente vagabunda.
No importa que sea viernes o domingo,
en cualquier fecha pienso en ti.
¡Te extraño tanto!
viernes, junio 01, 2007
TEATRO
Damas y caballeros, bienvenidos al gran teatro del amor!
Allá, en primera fila, se encuentran los más perversos, quienes disfrutan con el engaño y con el ardid. Se han ganado su lugar con honores y siguen cosechando triunfos. Un aplauso para ellos.
La luneta se cubre de carcajadas y de sonrisas burlonas cuando es ocupada por los que gozan con el dolor ajeno ante el abandono y la traición.
El anfiteatro está reservado para los cobardes, esos que no se atreven siquiera a decir "te amo" cuando la vida les llama.
Los palcos primeros y los segundos se colman de abandonados, de resignados, ya muerta cualquier ilusión.
Los palcos terceros, casi desiertos, por los que aún guardan esperanza y pasión.
La galería, a reventar siempre, huele a sexo, transpira sexo, palpita sexo.
Y en el escenario tres o cuatro parejas intentan una obra portentosa: hacer el amor sin ser vistos y con extrema urgencia por temor a que los siete minutos se conviertan en parodia o en burlesque. Pero lo intentan en serio. Se afanan. El sudor de sus cuerpos y de sus rostros, sus caricias y búsqueda no dejan nada a la imaginación...
Y es ahí, justo ahí que dibujo ante el telón pero desde el fondo una gran incógnita: ¿ Es esto en serio?...ja, ja, ja.
Allá, en primera fila, se encuentran los más perversos, quienes disfrutan con el engaño y con el ardid. Se han ganado su lugar con honores y siguen cosechando triunfos. Un aplauso para ellos.
La luneta se cubre de carcajadas y de sonrisas burlonas cuando es ocupada por los que gozan con el dolor ajeno ante el abandono y la traición.
El anfiteatro está reservado para los cobardes, esos que no se atreven siquiera a decir "te amo" cuando la vida les llama.
Los palcos primeros y los segundos se colman de abandonados, de resignados, ya muerta cualquier ilusión.
Los palcos terceros, casi desiertos, por los que aún guardan esperanza y pasión.
La galería, a reventar siempre, huele a sexo, transpira sexo, palpita sexo.
Y en el escenario tres o cuatro parejas intentan una obra portentosa: hacer el amor sin ser vistos y con extrema urgencia por temor a que los siete minutos se conviertan en parodia o en burlesque. Pero lo intentan en serio. Se afanan. El sudor de sus cuerpos y de sus rostros, sus caricias y búsqueda no dejan nada a la imaginación...
Y es ahí, justo ahí que dibujo ante el telón pero desde el fondo una gran incógnita: ¿ Es esto en serio?...ja, ja, ja.
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- Nací un martes 13 exactamente a las 00.13 y alguien dijo que por eso estaba emparentado con un ángel desalojado del Paraíso. Tal vez...